El GRUPO y el OTRO, en tiempo de pandemia en un dispositivo grupal

P.S. Ana Garay

Haciendo un poquito de historia, recuerdo un Congreso que participe con mi trabajo “Metáfora de Parto” en San Luis donde lo conocí al Doctor Luis Pellegrini y Oscar Pellegrini de Santa Fé. Recuerdo que después de haber sido aprobado mi trabajo por el Comité científico de la jornada, fui maltratada por el colegio de psicólogos porque no querían que lo presentara. En fin desde allá y entonces al aquí y ahora pasaron varios años y seguí trabajando desde mi formación como Psicologa Social, sin entrar en incumbencias que no me corresponden, en la misma línea de los pioneros de nuestro país, Pichón Riviere, Bauleo, Ulloa y de la experiencia de Trieste de la mano de Basaglia.

Desde esa línea de trabajo, alojados en el espiral dialéctico, todes, participantes, equipo y yo desarrollando nuestro sentir, pensar y hacer, en el Hospital de Día ESPEJOS CRUZADOS, perteneciente a La Dirección General de Salud Mental del Municipio de Moreno. El mismo, durante 16 años habría sus puertas a más de 40 participantes, que llegaban derivados de distintos profesionales (Psiquiatras, Psicólogos) e instituciones (diferentes monovalentes) a las 9 de la mañana y se retiraban a las 15hs. Ese lugar de encuentro, de alojamiento de interacción vincular, necesario para toda persona… Ese espacio rico en su grupalidad, hoy, por razones de cuidado, está cerrado.

Para contextualizar mi mirada desde mi retacito de mundo en el conurbano bonaerense habitando ese dispositivo grupal donde los encuentros trascienden el espacio para anclar en las vivencias con historias que solo pueden escucharse en el susurro de un compartir entre voces, con imágenes de un delirio que se presenta sin velo, con el manto de la certeza que aflora lineal en el discurso… Donde la intensidad de los compartires y los movimientos parecen arrasados con vientos que chocan rompiendo la lógica de la razón en una interacción vincular que nos aloja diariamente en un pacto acordado por todos para trabajar con la Salud de la locura… Ese retacito de mundo hoy esta jaqueado por la pandemia deshabitado el espacio en un silencio cargado de preguntas.

Estamos afectados por este momento, sentimos que todo lo conocido y a lo que apostábamos no sirve. La dicotomía de lo viejo y lo nuevo quiebra nuestros estares y no solo nos desconcierta, sino que nos desafía.

En esta complejidad me viene a la mente una frase de mi filósofo preferido Nietzsche, que dice

“Fabrico significados para enfrentar de alguna manera el pavor de ser frágil dentro de un universo sin sentido”

Siento que es así. Leo muchas interpretaciones y sentidos que se van dando a este momento de incertidumbre. Es sabido que elaboramos nuestros estares a través de las palabras y en el maremoto de emociones que vivenciamos, necesitamos significar, nominar como decía Foucault, porque lo sin nombre es el abismo de todos los miedos, la caverna donde yace el dolor. Así vamos, enfrentándonos al sentido del sinsentido, como podemos… Es así que el cachorro humano en estos desafíos puede mostrarse en su peor versión. El egoísmo propio del “ser” humano saca lo instintivo del animal y lucha por su sobrevivencia. Es el mundo del “ombliguismo”. No nos damos cuenta que en esta no se vale, como dicen los niños, “el sálvese quien pueda”. De esta salimos entre todos o no salimos. Blaise Pascal decía

“Toda la desdicha de los hombres se debe a una sola cosa, no saber permanecer en reposo en una habitación.”…

Se suman las desigualdades de las singularidades de este sujeto sujetado a su necesidad en una dinámica social de aislamiento. La pregunta que me surge es ¿Cómo seguir acompañando a los participantes de Espejos Cruzados, privados de su espacio de encuentro? Un sujeto, que fue y es, aislado por diagnóstico, discriminado y empastillado que viene en un proceso de apropiación de un espacio donde la propuesta es el encuentro consigo mismo, con su historia vincular y con el otro en la trama grupal que se va tejiendo. Un espacio cuyo indicador de alojamiento es que en todos estos años no hicimos ninguna re internación.

Para Pichón en su teoría de lo grupal, decía que el método clínico se basa en tres momentos: la observación, la operación y la integración. Primero había que observar el campo, luego entrar y mover cosas y en la tercera etapa lo que él llamaba pegar los fragmentos. Desde esta premisa vengo trabajando. En espejos lo primero es reconocer la heterogeneidad del grupo. Para eso es necesario sacarles el diagnóstico. Por lo cual no es fácil porque a veces se tiende a encontrar la patología… esquizofrenia, paranoia, bipolaridad, histeria… psicosisssssssss… etc. etc. etc. Correrse de esa mirada es poder observar sin etiquetas. En esa observación vamos armando la transferencia. Si bien el dispositivo no es obligatorio, desde el imaginario muchos vienen porque los mandan. Entonces tenemos que sumar también el desarme de esa obligatoriedad para que aparezca la pertenencia. Es muy importante y me atrevo a decir, que es decisivo el momento por el cual el participante pasa por la afiliación. Y acá lo pongo en singular porque los ingresos al hospital son individuales. Ellos pasan por la soledad del canal de parto y nosotros somos el útero social que los recibe. Como ya sabemos, estar en un grupo es movilizante. Imaginen ustedes cuanto más lo es cundo el grupo está formado por eslabones de diferentes tiempos con la heterogeneidad de sus historias. Es un momento de suma tensión entre el yo grupal y el individual. Acompañar al participante en ese momento de filiación es un reto para nosotros. Si no estamos atentos allí, cuerpo a cuerpo, difícilmente permanezca en el grupo. Cuando logramos el pase de afiliación a pertenencia ya tenemos cierto conocimiento del otro que nos permite pasar al segundo momento, que es la “operación”. Por lo general llegan con una actitud estereotipada. El desafío es descubrir que es de la enfermedad y qué es de las conductas aprendidas para sobrevivir dentro de la enfermedad. Como dice Pichón, empezar a mover las cosas… despacito. No tenemos un tiempo lineal de los momentos de esta clínica y con esto nos inscribimos en cuestiones instituyentes de espejos. Por ejemplo, no están separados por patologías, ni por edades, ni por género. Tampoco estipulamos tiempos de permanencia y de alta. Es más el concepto de alta no existe para nosotros. También tenemos especial cuidado con las faltas. No porque pierdan la vacante sino para acompañarlos en lo que les está pasando… Estas cuestiones hacen la ética en el acompañamiento de un sujeto que estructuro su psiquis diferente. En espejos “movemos las cosas” para luego poder pegar los fragmentos. Así vamos al encuentro de un sujeto de deseo al que le brindamos alojamiento desde la clínica grupal.

Hoy todo eso se detuvo…

En esta jungla tratamos de buscar un equilibrio para nuestro colectivo de Salud Mental. Un equilibrio “entre”. Un equilibrio entre paréntesis en un contexto de pandemia.

Para Melanie Klein

“El equilibrio no significa evitar conflictos, implica la fuerza para tolerar emociones dolorosas y poder manejarlas. Si disociamos excesivamente las emociones dolorosas restringimos la personalidad y provocamos inhibiciones variadas…”

En el desafío es seguir acompañando a los participantes de espejos y como psicólogos sociales tenemos la responsabilidad de posicionarnos en una adaptación activa. Co pensar con el otro y pensarnos. Habitar la función y habilitarnos en un fino equilibrio entre lo que la autora llamo la posición esquizo-paranoide donde predominan la ansiedad persecutoria, paranoide y confusional y la posición depresiva período en el cual predomina el temor a la pérdida.

Los miedos básicos MIEDO AL ATAQUE y MIEDO A LA PERDIDA como emociones al plato en este contexto que nos interroga porque las grupalidades conocidas pareciera que no nos está sirviendo para cuidarnos. No disociar excesivamente las emociones…Pero ¿cómo se hace?

Transitamos la ambivalencia de estas posiciones con el desafío de no disociarlas excesivamente. Y por supuesto nuestras reacciones suelen enfrentarnos. Aparecen las contradicciones universales. Esas que repetimos en nuestra formación pero que ahora las tenemos que transgredir para poder trascender. Lo aprendido – lo viejo; la incertidumbre – lo nuevo. Miedo a perder nuestro marco de referencia aprendido por algo que nos ataca y produce en nosotros la resistencia al cambio, cuando somos agentes de cambio. Desde nuestra formación tenemos una cosmovisión del mundo. Tenemos nuestra concepción de Salud y Enfermedad, del hombre en situación, del aprendizaje, etc. Esta visión es la base de nuestro ECRO. Transitar el espiral dialéctico pichoneano nos permite mirarnos para modificarnos en adaptación activa y así operamos sobre la realidad. Hoy justamente nuestra cosmovisión nos debe servir para hacer lectura de las grupalidades conocidas que nos alojan en nuestra historicidad y el desafío de pensarnos en este tiempo de transición, desde lo aprendido pero contextualizándolo en este momento socio histórico.

Estos conceptos básicos, que desde los discursos los repetimos, hoy se hacen imprescindibles pero también sumamente complicados para ser habitados.

Un enemigo invisible rompió nuestra cotidianidad. El discurso amo “es quédate en tu casa” pareciera ser que tenemos que aislarnos para sobrevivir. Hasta podemos confundir aislamiento con individualismo. Me aíslo, me quedo sola, no puedo estar con otro. Estoy con migo y tenemos que cuidarnos.

Estar “conmigo” ya no es estar solo, estamos con los otros de nuestras historias y cotidianidades que no es poco. No obstante hay un mensaje que nos cuesta entender. Tengo que cuidarme quedándome en casa para no enfermarme, por ende todo lo que queda por fuera es lo malo, es la enfermedad. El otro está afuera. El encuentro con los otros me hace mal. En consecuencia el otro me hace mal.

A simple vista parece una situación dilemática difícil de problematizar.

El concepto de aislamiento parece protegernos. Entonces lo que verdaderamente nos asecha pierde consistencia. Como dije es un tiempo de desafíos. Si los desafíos no los vivimos catastróficamente, de ésta salimos también en grupo.

Alargar la mirada, romper las definiciones y poder pensarnos en estos tiempos, no desde la obligatoriedad del encierro, sino pensar al encierro como estrategia proyectiva. Transitar este tiempo recuperando nuestras vincularidades de una manera diferente para poder transgredirlas. Pensarnos en estos momentos en anudamientos grupales que ya pre-existen y darles otras categorías. Son cuestiones para seguir pensando.

Dijo Pichón “Cuidarnos tanto de la marginación como de la ingenuidad, pero recordar ante todo, que, en salud, la praxis es colectiva”

En el mientras tanto, los espejos son acompañados y sostenidos por las redes virtuales. Llamadas, mensajes correos, Facebook… porque en la densidad de éstos días, bajo el pesado manto de la incertidumbre, la vida sigue.

El equilibrio está súper desequilibrado y rueda por un laberinto sin el hilo de Ariadna. Parece ser que cada uno debe tejer su hilo después de que aprendimos a tejer juntos… No es fácil ante la visibilidad de la muerte.

Hacer el intento, exponencialmente, es estar parado en el filo del abismo con la certeza que debemos volver al nosotros de los abrazos.

El grupo y el otro en un dispositivo grupal en tiempo de pandemia nos abre a un sinfín de preguntas… No las cerremos rápidamente con respuestas… Sigamos el proceso.

– Ana E. Garay – Psicologa Social, Psicodramatista – Directora del Hospital de Día Espejos Cruzados, de Salud Mental

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