Las emociones en tiempo del Coronavirus

P.S. Javier Sosa

“Creo que hay que pelear contra el miedo; se debe asumir que la vida es peligrosa y que eso es lo bueno que la vida tiene para que no se convierta en un mortal aburrimiento”.

Eduardo Galeano 

En estos nuevos tiempos, donde la Pandemia ocasionada por el Coronavirus Covid-19 nos impone un cambio total en nuestras vidas, es importante conocer qué pasa con las emociones. Porque la mayoría de las personas, generalmente ante los cambios, y en especial con estos cambios, tienden a sentirse altamente estresadas, con mucha ansiedad, abrumadas o sumidas en pensamientos perturbadores.

Atravesar este nuevo tiempo de la mejor manera posible, respetando las consignas y reglas obligatorias de aislamiento y distanciamiento social, implican un desafío no solo a nivel social, sino fundamentalmente a nivel emocional. Recordemos que los seres humanos somos bio psico sociales, es decir que estamos compuestos por tres planos, y el virus no solo llega a afectar el plano físico, sino también a lo social y a lo psíquico.

Lo normal es que no nos demos cuenta, pero si prestamos atención, vamos a observar que en este momento se utilizan con muchísima frecuencia palabras que antes raramente usábamos, y que en nuestro cerebro generan cierta confusión, veamos algunos ejemplos: “Cuarentena”, cuando menciono esta palabra mi psiquis procesa “cuarenta días”, pero alguien me dice que son solo catorce días. “Aislamiento”, cuando pienso en ello mi psiquis ya me sitúa en soledad, confinado y fuera del contexto cotidiano, pero me dicen que puedo estar con mi familia y puedo salir a hacer las compras u otros quehaceres con un permiso especial. Ya desde las palabras utilizadas aparece la confusión. Esto genera más stress, más cansancio psíquico porque toda la situación de crisis ya de por sí hace que consuma mucho más energía psíquica que en una situación de “normalidad” (en otro momento quizá podamos revisar este último concepto).

Entonces aparece esto de “sentirse mal”, de “no sé lo que me pasa”, las emociones se disparan, y comienzo a manifestar reacciones de todo tipo. En este punto, es importante comprender que estamos ante una situación “anormal”, entonces habrá reacciones que son esperables dentro de este cuadro. Vamos a decir de este modo, que serán “reacciones normales ante una situación anormal”.

Por ello, será absolutamente normal que ante la posibilidad de contagiarnos un virus que nos puede llevar a la muerte, reaccionemos con miedo. El miedo en este caso va a ser una especie de mecanismo que nos ayudará en principio a resguardarnos, a tener cuidado, a prestar mayor atención, a obedecer las nuevas reglas sociales que se nos imponen. Entonces no solo es normal tener miedo, sino además funcional porque nos ayuda al objetivo de protección frente al virus.

Entonces, ante una situación anormal e inesperada son reacciones normales y esperables una serie de emociones que en mayor o menor medida se manifestarán de diferentes maneras. Entre otras tantas, pueden mencionarse las siguientes:

  • Ciclotimia o cambios del
  • Nerviosismo o
  • Ansiedad o
  • Problemas del sueño, insomnio o
  • Cansancio, desgano o hiperactividad (físico y psíquico).
  • Apetito excesivo o
  • Miedo o
  • Inseguridad, incertidumbre, dificultad para proyectar.
  • Pensamientos negativos

Estos pensamientos, estas emociones, son la consecuencia y respuesta normal que se generó ante el cambio que repentinamente alteró nuestro quehacer cotidiano, nuestra rutina. Mientras vayan sucediendo, mientras se vayan alternando en mayor o menor cuantía, mientras no generen una parálisis de la cotidianeidad, nos serán útiles para aguantar el tiempo que dure la situación y/o ir haciendo lentamente el necesario tránsito o pase hacia una nueva rutina, hacia una nueva cotidianeidad.

De todos modos, y a los fines de que no interfieran con el proceso que mencionábamos, es necesario afrontar estas reacciones emocionales. Porque si estas se prolongan en el tiempo pueden empezar a causar problemas mayores. Porque si el miedo se agudiza y prolonga en el tiempo puede transformarse en pánico, los cambios de humor pueden derivar en ira y violencia, la ansiedad puede convertirse en angustia, los problemas de sueño pueden ocasionar accidentes, los problemas de apetito podrían transformarse en trastornos alimentarios, los pensamientos recurrentes derivar en obsesiones y la incertidumbre en abulia.

Recordemos que veníamos transitando de manera vertiginosa y neurótica, una vida en donde el problema principal de la mayoría de las personas era la falta de tiempo, veníamos de un tiempo sin tiempo, una vida cuyo valor más preciado se contaba en horas, días, minutos, segundos, donde todo era consumo e inmediatez. Nos faltaba tiempo para estar con la familia, tiempo para descansar, tiempo para hacer tareas en el hogar, tiempo, para disfrutar una película o un buen libro, tiempo para jugar con los niños, dialogar con la pareja o tener esa charla que le debía a un amigo.

Y de forma casi abrupta, repentinamente, pasamos a un nuevo tiempo donde lo que abunda y sobra es el tiempo, estamos en casa y con tiempo. Un tiempo en el que paradójicamente, no sabemos qué hacer con el tiempo, no sabemos cómo usarlo. Porque estábamos acostumbrados a correr de acá para allá, a consumir permanentemente, a no parar, a no mirar, a no reflexionar.

Vale citar alguna de las conductas que manifestamos en este nuevo tiempo, para observar la manera irracional que en ocasiones tenemos para resolver cuestiones tan sim ples como la provisión de víveres. Como ahora los supermercados están abiertos en un horario acotado y se ha restringido la circulación de personas en su interior, hay que hacer largas filas para el ingreso y se demora bastante tiempo ello. Por eso, cuando finalmente estamos en el interior compramos en cantidades inusuales, no porque nos sea necesario, sino solo porque hay que aprovechar el tiempo utilizado para poder entrar. Esto se denomina inercia, que es la imposibilidad de detener rápidamente el ritmo que veníamos llevando en la vida, porque estábamos acostumbrados al consumo, a la velocidad y a la falta de tiempo.

Si pudiéramos reflexionar, nos llevaría a importantes debates internos. Solo pensemos cuanto hablamos de la libertad y de lo bueno de gozarla, hasta que hoy la tenemos y nos genera miedo. Y además estamos atravesados por grandes dificultades económicas, porque se suspenden actividades, se cierran comercios, se paralizan industrias. Aparece otro debate: la salud o la economía, y nos da mucho miedo pensar en que nos falte el dinero y queremos ya volver a las actividades normales, pero por otro lado también nos atemoriza retomarlas por el miedo al contagio del virus. Aparece la dicotomía universal: la vida y la muerte, y entre esas opciones tendremos que elegir, porque si quiero vivir debo trabajar, y si salgo a trabajar me puedo enfermar, y si me enfermo me puedo morir. Debates internos que hacemos en estos tiempos y que nos invitan a cambiar prioridades.

Necesitamos entonces, aprovechar este tiempo, aprovecharlo no como una oportunidad porque hay mucha pérdida de vidas humanas, sino como un desafío. En lo inmediato, volver a estructurar nuestro tiempo, volver a establecer una rutina mínima y básica que nos permita ir procesando los cambios, que contenga nuestras emociones y posibilite ir reorganizando la cotidianeidad de nuestra vida.

El ser humano es rutinario por naturaleza, esto significa que todo el tiempo está armando rutinas, organizando y estructurando su cotidianeidad en base a una rutina. Las rutinas dan sustento, seguridad y nos indican el camino a seguir. Es en este sentido, que propongo como alternativa la construcción de una nueva rutina en la cual cada día se deban cumplimentar en todo o en parte estos seis puntos básicos:

1.- Respiración.-

2.- Alimentación.-

3.- Actividad.-

4.- Información.-

5.- Comunicación.-

6.- Descanso.-

1.- Respiración:

Una de las mejores maneras de relajar la mente y el cuerpo estresados, es a través de la respiración consciente. La idea es hacer consciente, es decir percibir y dar cuenta real, de cómo fluye la respiración en nuestro cuerpo. Sin perder esa conciencia, a veces, puede alcanzar para relajarse solo respirar un par de veces en forma profunda, exhalando e inhalando bien fuerte, pudiendo esto funcionar en forma instantánea.

Lo ideal es practicar una técnica de respiración básica, sencilla y muy efectiva, que logrará traernos calma en situaciones que nos encuentren desbordados, muy ansiosos o dominados por el miedo. Si bien el ejercicio es simple, a nivel interno actúa de manera compleja activando innumerables puntos de relajación corporal y mental.

Vamos a partir de la premisa que nuestra respiración es un eje, por lo tanto si logramos controlar la respiración, tomando consciencia de ella y regulándola, ya estaremos tomando control de nuestro eje, lo que nos traerá de por sí la sensación de calma y bienestar. Tomando consciencia y control de nuestra respiración, luego podremos avanzar hacia el control de nuestros pensamientos.

Entonces así se inicia la técnica, buscando un lugar, un espacio donde nos sintamos lo más cómodos posible, allí nos sentaremos con los pies apoyados en el piso pudiendo hacerlo en una silla, un banco, un sillón, en el borde de la cama, el lugar que nos re sulte más cómodo siempre que los pies nos toquen el piso. Nos colocaremos en una postura erguida, lo más derechos posible, con la cabeza levantada y el mentón hacia el frente.

En esta postura, comenzaremos a tomar consciencia de nuestra respiración, de cómo entra y sale el aire de nuestro cuerpo. Trataremos de percibir como el aire ingresa, como llena nuestros pulmones y cómo se distribuye por nuestro cuerpo para luego salir. Así vamos controlando nuestra respiración.

Habiendo hecho consciente y controlado nuestra respiración, ahora trataremos de inhalar y exhalar por la boca, primero lento hasta finalmente hacerlo de manera fuerte, incluso provocando que el aire haga un sonido cuando entra y sale por nuestra boca.

Sin perder el control de la respiración, colocaremos ahora nuestra mano hábil sobre el abdomen, sobre la panza. La idea es que vamos a buscar la respiración abdominal, no vamos a sentir la respiración en el pecho sino en la panza. Así, vamos a procurar que la respiración baje a nuestro abdomen, llenándolo de aire, llevando todo el aire a la panza, siempre inhalando y exhalando por la boca.

Repetimos el proceso de inhalación y exhalación unas tres veces, hasta percibir que los hombros se nos aflojaron un poco. Si se siente que todavía están tensos podremos repetir el ejercicio hasta que los sintamos un poco menos rígidos.

Luego se continúa con la respiración abdominal, pero ya no tan fuerte, vamos regulando la fuerza de la respiración, ahora tratando de que el aire permanezca un instante en el abdomen antes de exhalarlo. Dos o tres series de respiraciones de este modo.

Sin dejar de respirar, comenzamos a buscar en nuestra mente imágenes o escenas que nos remitan a alguna experiencia placentera, a algo que nos haya hecho felices, que nos haya alegrado, a algún momento de nuestra historia que hayamos disfrutado: vacaciones, una fiesta, un encuentro con alguien, un lugar soñado, ese lugar al que deseo ir, el lugar donde me gustaría estar, ese momento inolvidable. Nos conectamos con esa imagen o escena y la retenemos en la mente.

Durante el lapso de dos minutos y sin perder la respiración abdominal, retenemos la imagen o escena con la que nos conectamos. Al cabo de ese tiempo, nos despedimos de la imagen o la escena elegida y la dejamos ir, paulatinamente dejando también de respirar por la boca y quitando la mano de nuestro abdomen. Así, lentamente vamos recuperando la respiración normal.

Si la técnica se realizó de manera adecuada, con una duración mínima de cinco minutos y un máximo de diez, veremos como inmediatamente al finalizarla, ya comenzamos a sentir mayor bienestar físico y emocional. Vamos a percibir que logramos pensar con mayor claridad que antes, y que nuestra mente se abre a nuevas opciones.

Esta técnica se puede realizar la cantidad de veces que lo deseemos durante el día, de hecho cuantas más veces la realicemos mejor, pero es indicada en forma regular al amanecer, antes de iniciar el día y antes de acostarnos a dormir.

Es importante aclarar que en casos de emergencia o cuando no se cuente con el tiempo, el espacio o las posibilidades necesarias para realizarla, puede ser reemplazada por un ejercicio rápido de respiración consciente, donde de entrada y mientras hacemos consciente la respiración ya tratamos de conectar con una imagen positiva, para realizar al menos dos series de tres respiraciones abdominales fuertes, en un tiempo no mayor a dos o tres minutos.

Podemos realizar el ejercicio nosotros mismos o guiar a otros en su realización. Es muy aconsejable su utilización por parte de profesionales y/o personal abocado a tareas que implican situaciones de stress permanente, pudiendo utilizar el ejercicio cada vez que sientan que las situaciones los desbordan, o que el agotamiento mental es mucho.

Algunas personas, formadas en otras disciplinas y con la preparación correspondiente, junto a la respiración como mecanismo utilizan técnicas de meditación y yoga, que en este caso aconsejamos solo utilizar si se está preparado al respecto.

2.- Alimentación:

Cuidarse no es solo lavarse las manos, usar alcohol en gel, usar tapabocas y mantener la distancia social. En momentos como este, mantener una dieta adecuada, saludable y que no modifique abruptamente los hábitos alimenticios que se tenían anteriormente, es clave como premisa de cuidado.

Respecto a las comidas, organizar una rutina y planificación es importantísimo. Al principio intentaremos mantener solo las cuatro comidas en forma regular y en horarios acordados: desayuno, almuerzo, merienda y cena. Seguramente, por el hecho de estar mucho más tiempo en el hogar, vamos a empezar a comer un poco de más, cuestión que trataremos paulatinamente de ir dejando de lado. Ahora que tenemos más tiempo, armar una planificación semanal de las comidas no solo nos permitirá organizar mejor una dieta saludable, de mayor variedad y calidad a la habitual, sino nos dará la posibilidad también de organizar la compra de los víveres necesarios de acuerdo a las finanzas disponibles. Además el hecho del tiempo y no poder salir a comer afuera, nos juega a favor respecto a la posibilidad de cocinar en casa experimentando nuevos sabores y recetas. No caer en la tentación del delivery colaborará no solo en nuestra salud alimentaria, sino en la economía de nuestro hogar tan resentida en este momento.

Será importante en este sentido que las comidas no solo sean sanas, nutritivas y de calidad, sino que sean agradables. Con esto quiero decir que además del factor alimenticio, tenemos en este contexto de aislamiento la posibilidad de generar alternativas no habituales y creativas al ritual de comer. Por ejemplo, podemos empezar por explorar espacios nuevos de la casa y organizar algunas de las comidas en esos lugares, probar comer un día fuera del lugar donde habitualmente lo hacíamos, tal vez sea de nuestro agrado comer en el patio, en el living, en el jardín. También podemos variar la vajilla, animándonos a usar esos platos que se reservaban solo para ocasiones especiales o esas copas que solo se sacaban cuando venían visitas. La creatividad es un punto importante, permitirnos jugar convirtiendo la rutina de la alimentación en algo agradable y algo distinto cada día, nos permitirá abrir nuestra mente y relajar el stress.

Esto redundará beneficiosamente no solo a nosotros mismos sino a todo el grupo familiar, que podrá colaborar en la tarea, ayudando a crear tal vez nuevos escenarios para cada día o cada comida.

Cumpliendo estas premisas, nos podremos permitir entonces, como en cualquier dieta, tener una vez a la semana la posibilidad de consumir algún elemento no planificado, un “permitido” que nos anime a seguir creando y recreando. En este sentido, recordemos que en nuestro país es habitual que los fines de semana se reúnan familia y amigos a compartir la comida, por ello es importante que este aspecto se tenga en cuenta a la hora de planificar, pudiendo acordar telefónicamente con otros un menú común, que luego y en el momento puede ser compartido a través de video llamadas, por ejemplo.

Entonces: Planificar semanalmente las comidas y organizar la compra de víveres necesarios. Mantener las cuatro comidas, desayuno, almuerzo, merienda y cena en forma regular y horarios acordes. Intentar no comer en exceso. Comer comidas sanas, nutritivas y de calidad. No delivery, cocinar en casa menús nuevos y variados. Explorar nuevos lugares de la casa para comer, permitirse jugar y ser creativos.

3.- Actividad:

La actividad también forma parte del cuidado en tiempos donde en forma abrupta hemos tenido que interrumpir el ritmo normal de actividades que veníamos desarrollando y que estructuraban y organizaban nuestra cotidianeidad. Estamos acostumbrados a salir, a entrar, a caminar, a ir a trabajar, a ir al cine, al restaurant, a ir al gimnasio, a movernos sin restricciones, a realizar múltiples actividades más o menos rutinarias, que hoy se han modificado completamente.

Volver a estructurar y organizarnos respecto a actividades cotidianas, no solo nos dará la posibilidad de ir recuperando una mínima organización mental, sino nos ayudará sobremanera reducir el stress, encontrando utilidad al tiempo del que ahora disponemos.

Entonces, en este punto también organizar una rutina y planificación es importantísimo.

Cada mañana, o a la noche, cuando creamos que es el momento, debemos construir un plan de actividades, que incluya todo lo que planificaré hacer ese día. Recomiendo que sea diario y no semanal, porque muchas de las cosas que tal vez planifique, nos lleven más tiempo del que esperábamos, ya que serán seguramente tareas a las que no estamos habituados. Además, puede ser que nos falten materiales o elementos y tengamos que programar una salida a la ferretería u otro comercio.

Este programa o plan, es importante que sea escrito a mano y no en la computadora. Escribir a mano no solo ya es una tarea a la que quizás no estamos habituados tampoco, sino que además activa áreas de nuestro cerebro que permiten la concentración y el encuentro de cierta calma.

Una de las actividades, quizás una de las importantes a planificar, es la actividad física.

La actividad física, el ejercicio corporal es de por sí relajante y ayuda a reducir el stress, provocando además cansancio, lo que colaborará en que durmamos mejor. Es ideal que la actividad física sea regular. Todos los días debemos hacer alguna actividad física. Si lo veníamos haciendo habitualmente mucho mejor, no interrumpir la rutina, tal vez morigerarla un tanto; pero si no estamos habituados al ejercicio físico, de todos modos realizar al menos diez minutos al día de ejercicios de elongación y estiramiento. En estos casos hay que empezar lentamente, sin exigencias más que la de comenzar, sentarse en el piso, mover partes del cuerpo de manera no habitual. En Internet hay innumerables rutinas de ejercicios con videos y explicaciones paso a paso para cada estado físico, que pueden ayudarnos a armar una rutina de actividad física acorde a nuestras posibilidades. Tomemos el desafío y veremos que los resultados serán sorprendentes.

Otra de las actividades que podemos planificar tiene que ver con las tareas manuales.

Podrán ser tareas del hogar. En casa, generalmente hay una enorme cantidad de tareas manuales para realizar, que por falta de tiempo dejamos o contratamos a alguien para que las haga. Entonces podemos proponernos pintar ese mueble o esa habitación que queríamos renovar, o redecorar ese ambiente que ya estamos cansados de ver igual, o reparar esa mueble al que se le salió un tornillo. Si tenemos patio o jardín, deberemos indefectiblemente tener que realizar su mantenimiento, cortar el césped, podar el cerco, quitar las malezas, renovar la tierra de las macetas. No importa si nos salen bien o mal, lo importante será intentarlo. O tal vez tengamos algún hobby que deseábamos practicar y nunca teníamos tiempo. Podemos dibujar, pintar, realizar esculturas, modelar en madera, con papeles. Lo importante es que la actividad sea placentera. Tal vez tengamos ganas de aprender a tejer, entonces nos descargamos un tutorial de Internet y lo intentamos. No importará la tarea que hagamos, lo importante será que nos conecte con nuestra concentración y de ese modo nos ayude a reducir el stress, a bajar ansiedades, y a organizar nuestro día. Pero cuidado, no es todo el día actividad manual, tal vez una o dos horas diarias sean suficientes, siempre dependiendo de la tarea a realizar.

Cumpliendo con estas premisas de actividad, seguramente vamos a descubrir potencialidades que no sabíamos que teníamos, ello nos dará la posibilidad de proyectar nuevos objetivos para la cotidianeidad.

4.- Información:

Naturalmente, los seres humanos para bajar ansiedades, para calmarnos, necesitamos información. La información tiene que ser clara, concreta, sencilla, y capaz de respondernos a cinco cuestiones básicas: Qué, cómo, quién, cuándo y dónde. Si la información recibida es concisa, creíble, fidedigna, si está expresada con claridad y sencillez, y además responde esas cinco preguntas, diremos que pudimos comprenderla y que estamos informados.

A partir de la información, nosotros accedemos a la posibilidad de hacer análisis, de seleccionar prioridades, y tomar decisiones. Por ello, la información nos da la sensación de tener las situaciones bajo control y cierta certidumbre sobre el porvenir, sobre el futuro.

Hoy más que nunca, la tecnología nos brinda la posibilidad de acceder a una enorme masa de información. Pero también hoy más que nunca, tendremos que poner mucho cuidado en esa abundancia. La sobreinformación no es positiva. La sobreinformación nos intoxica. Basta solo con ver los titulares de algunos medios para darnos cuenta de lo que buscan generar. En estos tiempos de pandemia y aislamiento, hay una sobreabundancia de medios informativos, que en pos de la búsqueda de “vistas” o lectores, titulan con frases apocalípticas que nos generan más pánico que verdadera información.

Por eso, es importante que seleccionemos la información a recibir, que escapemos de esa sobreinformación. Será necesario entonces que comencemos a filtrar, y decidamos qué cosas vamos a leer, ver o escuchar, y que cosas no, fundamentalmente que cosas no. En esta selección tendremos que descartar aquello que no nos aporta respuestas a alguna de las preguntas que mencionábamos anteriormente, pero sobretodo aquella información que nos perturba y que lejos de bajar el nivel de incertidumbre nos trae más nerviosismo y ansiedad. Seguramente no será tarea sencilla, porque las noticias escandalosas o “amarillas” apuntan a una parte nuestra que se relaciona con lo morboso y que aunque no lo queramos ver, nos resulta atractivo, seductor. Pero hay que descartarlo, tenemos que tomar el desafío.

Programemos entonces los horarios, los canales, los medios con los cuales nos vamos a informar, establezcamos también una rutina de información. Es aconsejable poder tener al menos dos horas diarias, pero repartidas: media hora por la mañana, media hora por la tarde y una hora a la noche como máximo. Elijamos solo lo que sea importante y de fuentes fidedignas. Mantengamos pocos canales de información, oficiales, conocidos, confiables.

Tratemos de tomarnos el tiempo para la información. No lo hagamos mientras estamos realizando alguna otra actividad. No lo hagamos durante las comidas, antes del descanso o de acostarnos a dormir. Es importante que haya un momento especial también para informarnos.

Un ejercicio interesante y que podemos probar es construir nuestra propia noticia, jugar, ahora que tenemos la posibilidad, a que somos periodistas por un rato, y con toda la información recibida construir nuestros propios titulares, nuestra versión de la información del día, recordando en especial que debe contestarnos cinco preguntas: Qué, cómo, quién, cuándo y dónde.

Con ello, sin dudas estaremos muy bien informados, sin perder la calma, y con capacidad para construir proyectos a futuro.

5.- Contacto Social:

Dos de los grandes problemas que trae esta situación del coronavirus, son el tema del “aislamiento” y del “distanciamiento” social, que además son reglas “obligatorias” a cumplir y por las cuales nos vemos impedidos no solo de compartir encuentros o reuniones con amigos o familia, sino además concurrir a espacios que nos brindaban recreación o nos permitían estar en contacto estrecho con otros. Es decir nuestra posibilidad de contacto social quedó restringida completamente, cercenada a “quedarnos en casa” y a distancia de los otros al menos dos metros. Nada de darnos la mano, abrazarnos y menos todavía besarnos.

Recordemos que los seres humanos somos biopsicosociales, pero fundamentalmente sociales, “sujetos” a necesidades que se complementan en función de otros, en el vínculo con otros, en sociedad, en grupo. Nacemos en grupo, en el seno de una familia. Crecemos en grupo, en la escuela, con los amigos, en el trabajo, en el club. Vivimos en grupo, es decir con otros. Dice Jean Paul Sartre que “la mirada del otro me define”, es decir que solo soy si el otro me mira, si me muestra que existo. Entonces dependo del “otro” o de “otros” para ser.

Recordemos también, que en Latinoamérica y especialmente en los países del denominado cono sur, se da toda una cultura del contacto social estrecho. Se dice que los sudamericanos somos más cariñosos, que nos animamos a mayor contacto físico, que somos “toquetones”, que nos gusta abrazar y que nos animamos mucho más que en otros países a besarnos.

Entonces y ahora, nuestra psiquis suficientemente atiborrada de nuevas reglas, entiende que para guardar el aislamiento debo “dejar de ser”, y si queremos guardar el distanciamiento social no debemos ser “cariñosos”. Nada más lejos de ello. Tanto el aislamiento como el distanciamiento social son medidas “físicas”, para mantenernos sin posibilidad de contagio por contacto con el virus. La cuestión es que como seres biopsicosociales, con las medidas queda resguardado lo “bio”, pero al estar acostumbrados al “contacto” sentimos desde lo “pisco” que lo social no está completo.

Por ello, y de modo de poder ir volviendo a reestructurar nuestro contacto social que sentimos como perdido o al menos restringido a partir de las nuevas reglas, es conveniente, en esta coyuntura, también organizar y planificar nuestros “encuentros y reuniones”.

Programar, porque es necesario prepararse a esas nuevas estructuras que se imponen, que implican a su vez aprender nuevas reglas, conocer nuevas tecnologías y en la mayoría de los casos, experimentar nuevas sensaciones. Un universo de redes sociales virtuales que en muchos casos solo se utilizaba esporádicamente o con fines simplemente recreativos, ahora se convierte en la herramienta fundamental del contacto social.

Ese aparato que a veces detestábamos y al que en ocasiones dejábamos en cualquier sitio sin prestarle atención, se convierte ahora en nuestro tesoro más valioso. Un mensaje, un audio, una foto, un documento o un video vía “Whatsapp” pasa a tener la mayor de las importancias. El juntarse a tomar mate con papá o mamá ahora se convierte en una

videollamada, el encuentro con amigos en una reunión de “Zoom”, la clase de idioma en un “Facebook live”, la charla de presentación de un libro en un “Youtube en directo”, y el recital de nuestra banda favorita en una transmisión de “Instagram TV”. Todo, al alcance de la mano en ese pequeño celular que además nos sirve para hacer llamadas telefónicas.

Y es que de eso se trata, de que aprovechemos las posibilidades tecnológicas y aceptemos el desafío de la “virtualidad”. Al principio nos costará un poco, pero a medida que nos vayamos adecuando, y que vayamos percibiendo que ese contacto virtual nos brinda calma, tranquilidad y nos hace sentirnos más cerca de los otros, de esos seres queridos que tanto añoramos o de esos amigos con que habitualmente nos juntábamos, nos sentiremos más cómodos y confiados. Recuerden que no solo habrá que superar la barrera tecnológica, sino además las propias dificultades de las redes de comunicación, que en ocasiones convertirán las comunicaciones en una suerte de imagen y sonido inteligible, que habrá que empezar a decodificar con paciencia.

Programemos, al menos una o dos veces al día, una videollamada con algunos de nuestros seres queridos que están lejos o “aislados”. El “verse” en nuestra cultura es algo importante, a nosotros no nos alcanza con el mensaje de texto o voz, necesitamos vernos, mirarnos, que el “otro nos diga que somos” volviendo a Sartre o como diría Alfredo Moffatt en su Teoría de la Temporalidad, necesitamos “baños de identidad”, en tiempos donde además la despersonalización es otra pandemia que azota el mundo.

Veámonos, tengamos contactos sociales virtuales donde podamos vernos y hablarnos.

Aprovechemos y compartamos con los otros las actividades que programamos. Cocinemos juntos, hagamos una rutina de ejercicio físico juntos, riámonos de algo juntos, compartamos como estamos, que sentimos, mostremos nuestro entorno; hoy la tecnología nos brinda la posibilidad estar juntos y sentirnos muy cerca, de poder estar en la vida del otro aún sin necesidad de salir de casa.

Si nos planteamos el desafío de, aunque virtualmente, compartir nuestra vida con los otros, daremos cuenta enseguida como nos invade una sensación de bienestar, que además no será solo mío, sino sin dudas también de esos otros.

6.- Descanso:

No hay nada que no se cure con unas buenas ocho horas de sueño” dice una frase popular. Y es verdad, el sueño es reparador, tanto que está comprobado científicamente que nuestro sistema neuronal elimina los desechos tóxicos producidos por el funcionamiento del sistema nervioso durante el sueño. Dormir es fundamental, tal vez diríamos esencial entonces, para mantenernos sanos física y psíquicamente.                                                                                                   Y en estos tiempos de preocupaciones, miedos, angustia e incertidumbre, uno de los problemas que nos suele aparecer es la falta de sueño. Esta falta de sueño o insomnio, se genera además por factores que tienen que ver con la sobreinformación, la modificación de hábitos de actividad o alimentarios. En esta situación de aislamiento, solemos saturarnos de información tóxica que nos deja la mente atiborrada de preguntas y preocupaciones. Al estar “encerrados” reducimos la actividad física a la mínima expresión lo que nos hace carecer del cansancio físico normal del que gozábamos cotidianamente. Como estamos en casa, cocinamos “cosas ricas”, alimentos que generalmente nos provocan malestares gástricos. Y como necesitamos información y comunicación con el “afuera”, pasamos una gran cantidad del día mirando una pequeña pantalla que se convierte en un desafío a la vista. Así, en estas circunstancias, es más que obvio que no vamos a poder dormir, que no vamos a obtener un descanso adecuado. Y ello, no solo nos traerá como consecuencia falta de concentración, sino una alta probabilidad de sufrir algún accidente de gravedad que nos complejizara aún más la situación que ya vivimos.

A esta altura ya dimos cuenta de que este último punto está intrínsecamente relacionado con los anteriores y que realizando en todo o en parte las pautas indicadas en ellos, lograremos un buen descanso cumpliendo además con la cantidad necesaria de horas de sueño.

Algo muy importante, si observamos que las reacciones se agudizan y se prolongan en el tiempo, y que no logramos reducir la angustia y el stress, consultemos lo más rápidamente posible a un profesional de la salud. Cuidarnos es lo primordial.

Parar, pensar, reflexionar y poder mirar adentro nuestro requiere tiempo. Un tiempo que no disponíamos (o creíamos no disponer) y que ahora tenemos y de sobra.

Tiempo para pensar en nuestra cotidianeidad, tiempo para proyectar y proyectarnos, para diseñar el futuro y vivir el presente.

Tiempo para comprender que esta nueva situación que la vida nos impone es tan solo un capítulo más de la novela de vivir. Tiempo para comprender y aceptar que en el próximo capítulo ya estaremos en otra situación. Tiempo para animarnos al desafío de cuidarnos y cuidar a otros, de poner a prueba nuestras potencialidades y alcanzar objetivos que nunca habíamos ni siquiera pensado. Un desafío que implica parar de correr, pensar, reflexionar y hacer elecciones.

Un tiempo que nos pone frente a un nuevo camino, pero en el que estar aislados no significa que estamos solos. Por eso también es un tiempo que nos invita a la solidaridad, a poner en juego nuestra empatía y resonancia con los otros, a multiplicar la paciencia y a trabajar en comunidad, en común unión, con otros y por otros. También eso es un desafío.

Pequeñas acciones que pueden tener un gran impacto.

Bibliografía y material de consulta:

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