Un puente crítico

P.S. Lucas Méndez

“En un proceso de liberación, la lucha por la salud no es sólo lucha contra la enfermedad, sino contra los factores que la generan y la refuerzan”

Enrique Pichón Riviere

Según la Real Academia Española, la palabra “puente” tiene dos posibles significados: “construcción que se levanta sobre una depresión del terreno (río, canal, fosa, etc.) o en otro sitio para comunicar dos lados”; y la segunda dice que es una “persona o cosa material o inmaterial que sirve para poner en contacto o acercar dos cosas distintas”. Cualquiera de las dos nos sirve para pensar a Enrique Pichón Riviere, ya sea por sus construcciones teóricas que fueron y continúan siendo esas bases que unen dos extremos, o pensarlo a él a su impronta, como el profesional que supo cómo poner en contacto dos cosas que hasta entonces no se había relacionado de la forma en que Pichón las relacionó: el grupo y el sujeto, pero con la intermediación de las condiciones concretas de existencia, con ese puente, que no es ni más ni menos que pensar al sujeto en situación, pensarlo comprendiendo que está atravesado por lo ideológico y tomando la dimensión política como una instancia inseparable.

Si tomamos como premisa que la construcción de los discursos dominantes tiene como cuna de nacimiento los grupos o círculos de poder, podemos hacer un sinnúmero de análisis en relación a este puente pichoniano, a esta unión y comunión entre psicología social y nuestra América Latina.

Analicemos estas dimensiones que Enrique Pichón Riviere toma y postula como piedra fundacional de nuestra actividad y que tienen que ver con una situación particular. Me pregunto, ¿Por qué haríamos una crítica de la vida cotidiana si lo vivido no estuviese en relación directa con la opresión?

Históricamente, nuestra América Latina fue un lugar de sometimiento.

Tomando el proceso histórico que va desde la colonización hasta nuestros días, podemos –sin mucho esfuerzo – recordar los saqueos de los colonos a las comunidades originarias, la depredación de la naturaleza, los modelos europeizados de gobierno, allá, antes del 25 de mayo de 1810, el ideal del yo puesto en esa nociva realeza europea que desembarcaba fuerte en nuestra historia. Luego, el intento por hacernos de modelos propios, aunque siempre teñidos de oscuro, opacos. La sucesión de los distintos gobiernos democráticos y los de factos. Los golpes de Estado, y los lugares que ocuparon los que hacían las críticas. El neoliberalismo.

Si tenemos que tirar del hilo que nos sirve como conductor de este rápido recontó de modelos, nos damos cuenta que siempre, nuestro país y América Latina toda fue un lugar de experimentos para lo disciplinario, para la fuerza, para la demostración de poder. En algunas oportunidades las cosas se dieron por la fuerza, pero en otras no. Fue la manipulación y “las buenas intenciones” las que continuaron haciendo la huella. Huella que no es otra cosa que el modelo de pensamiento, de construcción subjetiva. Es – en realidad- la manera de decodificar la realidad que se construyó en toda América, que sirvió y sirve como modelo a los latinoamericanos. Modelo que viene con la impronta de lo conveniente, pero no para nuestros pueblos, sino para –justamente- los que detentan el poder. ¿Cómo no proponer una crítica a todo esto siendo Pichón Riviere?

La cosa -históricamente – se fue moldeando. Se construyó un discurso social cuyo objetivo era y sigue siendo, no cuestionar lo que está establecido. Y lo que está establecido es a conveniencia del poder. Todo lo demás es algo que ya conocemos y que no voy a mencionar en este artículo.

Lo que también es propuesto por estos modelos de dominación subjetiva es la individuación. Justamente. “El uno” es más fácil de convencer – en primera instancia – o de dominar en última. Opone menos resistencia. Pichón Riviere, no solamente propuso la crítica al modelo sino que le agregó pimienta. La pimienta del agrupamiento. Lo hizo explícitamente, claro. La técnica de los grupos operativos – reconocida mundialmente – es la viva expresión de que hay que hacer comunidad. Digamos esto saliendo un poco de las cuestiones técnicas que todos conocemos sobre el dispositivo grupal inventado por el doctor. Podríamos pensar en el aspecto subversivo de Enrique Pichón Riviere, porque le dio la vuelta a lo que era propuesto desde el poder: la individuación. La crítica y la grupalidad. Me gusta pensar – en este sentido – en lo abstracto de los conceptos también. La crítica de la vida cotidiana para romper las cadenas que nos unen a los discursos de poder, a las matrices que vienen – en algunos casos – de épocas remotas y que se sostienen generacionalmente vaya uno a saber por qué.

Digamos que desde lo abstracto, que la grupalidad podría significar un puente para América Latina, en el sentido en que somos hermanos de los mismos discursos. Estamos unidos por historias muy similares, de conquistas, re conquistas y sometimientos y la propuesta de criticar esos lugares entre todos, es al unísono un grito de liberación. El grupo, el agrupamiento como contrafuego a la segregación propuesta desde el sistema. Pensar de a muchos, pensar mucho, la muchedumbre piensa organizadamente. Todo esto podría hacer tambalear al más agarrado de todos los discursos. Porque desde ellos no es posible encontrar –analizándolos entre todos – un lugar de verdad.

Como no pensar en un puente cuando pienso en Enrique Pichón Riviere, si lo que propuso desde su psicología social era un denominador común para toda América Latina. Un denominador común que cuestiona al dominador común y lo pone en problemas.

Me ha tocado hacer un recorrido a lo largo de mi historia como profesional de la psicología social y del psicoanálisis y he observado como en algunos sectores, algunos docentes, algunos alumnos, algunas personas, prefieren no hacerse del eco que transmiten las palabras crítica, ideología y política. Y yo creo que son, justamente, el puente que Enrique Pichón Riviere nos legó. Quizá – por momentos – estos significantes quedan encriptados dentro de alguna praxis y es un poco más costoso caer en la cuenta que han sido puestos allí, pero sin dudas, son estos tres significantes el puente entre Pichón Riviere y toda la América Latina. Es desde lo crítico, lo ideológico y lo político como vamos a poder poner en marcha la rueda de crítica de la vida cotidiana. Así y solamente así – desde la esa grupalidad vamos a poder desterrar la opresión de la que fuimos y somos parte y ellas son el puente que Pichón nos legó.

Para la revista “Apuntes Grupales” junio de 2020

 

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Los Puentes que Construyó Enrique Pichón Riviere en la Argentina y Latinoamérica.

www.libropichon.com

Un comentario sobre “Un puente crítico

  1. Muy interesante tú interpretación histórica, analizada y llevada a nuestra actualidad y a la vida cotidiana de los pueblos, trabajando constantemente creando puentes con un otro y en lo comunitario, identificar a nuestra América Latina y poder reconocernos cómo comunidad!
    Muchas gracias !!

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