Tiempos de cuarentena, tiempos de cambio, tiempos de Psicología Social

P.S. César Covi

La realidad actual nos azota y nos obliga a vivir en la incertidumbre. Castigo o remedio para un cambio obligado, nos vemos en la necesidad de detenernos a pensar, sentir y hacer de una manera diferente a lo que consideramos “normal”. ¿Qué es lo normal? 

En el interior del país estamos acostumbrados a que las cosas siempre lleguen con un periodo de demora. A veces, como en esta situación de pandemia mundial, resulta beneficioso. La sociedad no se predispone al cien por ciento a creer en lo que ocurre, se resiste a creer que nuestra realidad hoy en día es cuasi como la de una historia de ciencia ficción. De un momento a otro vemos las calles desoladas, vacías, nos sentimos obligados a detenernos por completo y mirar el mundo desde la venta, cambiar las costumbres, la cultura, los hábitos, la forma de trabajar, de comunicarse con el otro, hasta de festejar un cumpleaños.

Los abuelos aprendieron a usar whastapp, a realizar videos llamadas por zoom, a conectarse a internet para mirar una serie por Netflix, se crearon perfiles de Facebook para conectarse con sus familiares, empezaron a realizar pagos online. Algo que hasta el momento se creía que no era necesario para la gente de cierta edad.

Las redes sociales y los medios de comunicación informan, tanto como desinforman. Ya no se sabe en que creer ni en quien creer, la sobre información genera una falta de información estructural y sistémica. Los medios de comunicación, como los periodistas que la manipulan y la usan para generar puntos extras de rating o crear diferencias sociales sectorizadas, o imponer condiciones éticas y morales, quedaron intencionalmente sobre expuestos.

Con el afán de cuidarse, las personas volvieron a implementar quintas en el hogar y comidas artesanales en la casa: volvió el pan casero y las tostadas, los buñuelitos y las tortas fritas, las tortas materas, el flan y los fideos caseros. Volvió el sentarse solo con el mate bajo el sol a esperar la nada, volvimos a reutilizar el patio, el único afuera que palpamos con confianza.

Pero como no todo lo que brilla es oro, también aparecen las dobles caras. Como la epidemia te invita a quedarte quieto, reproducir la cultura zen y no hacer nada para salvar al mundo más que quedarte en tu casa, como contracara, hay un costado bastante vertiginoso.

De golpe pensamos: ¿Cómo vamos cubrir las necesidades básicas si no hacemos nada? Aumento la recaída de las personas en tratamientos de adicciones, la discriminación y la desigualdad, las necesidades se vieron destapadas, donde aquellos que venían de un gobierno de turno que destruyo su economía y los obligo a vivir con lo justo y lo necesario, pero simulaban ser clase media sostenida, de golpe se vieron necesitados de cuestiones básicas e indispensables para la subsistencia, y hasta el momento no conocían la ayuda social. Y también surgieron nuevas redes de ayuda solidarias, entre personas de una misma ciudad que nunca antes habían tenido contacto para asistir a personas que nunca antes habían necesitado de ello.

De golpe se vieron denunciadas miles de situaciones y estados generales que creíamos teníamos bajo control, como la dirección de dirigentes que no sirven para dirigir, la gula del empresario piola exitoso al que no le interesa la salud de su empleado ni la de su grupo familiar, el sistema de salud y su precariedad:

¿Quién puede entender que entre dos sanatorios privados y un hospital de cabecera departamental, donde atienden a ciudadanos de 5 pueblos aledaños, tengan solo 8 respiradores para toda esa población?

De a poco y a medida que pasa el tiempo vemos que lo que estaba lejos ya comienza a acercarse a pasos agigantados, y que todo aquello que veíamos por los canales de noticias, y creíamos que solo pasaban en las grandes ciudades, nos toman como protagonistas.

Empiezan a despertarse muchas ansiedades, los niveles de tolerancia disminuyen y aparecen los miedos: miedo a lo desconocido y al ataque de un enemigo invisible de quien no sabemos cómo defendernos, y miedo a la pérdida de los seres queridos que nos rodean, de aquello conseguido con tanto esfuerzo y de las estructuras que nos sostienen. Las fantasías frente a las inseguridades toman el mando de nuestras vidas y empiezan a correr cadenas de WhatsApp con mensajes de gente que no conocemos diciendo cosas que quizás podrían ser verdad ¿o realmente lo son?

¿Limpiamos a diario con lavandina o la lavandina nos baja las defensas? ¿Los barbijos son seguros o retienen el virus? ¿Usamos la mano derecha o la izquierda? ¿Usamos agua con alcohol o no  tiene el mismo efecto?

Empiezan a surgir las dudas de si lo que nos está pasando es a causa de un virus generado por consecuencias naturales, o impuesto por un país que quiere ser una nueva potencia mundial y derrota calladamente a los países más importantes del mundo. Los muertos en el mundo empiezan a ser enterrados en cantidades y los servicios de asistencia sanitaria no alcanzan para todos. ¿A quiénes vamos a sacrificar primero si el virus llega a nuestro pueblo?

Las dudas y las suposiciones generan y motorizan una serie de cambios que van, desde el trato con el prójimo y la forma de vincularnos, hasta la virtualidad y la organización laboral, económica y social, y el encierro de los mismos pueblos para restringir el ingreso de personas ajenas a la ciudad que puedan contagiarnos. Como en la película Ratatouille, donde las ratitas se desinfectan para cocinar, si venís de afuera te desinfectamos hasta el auto. Como en la serie The Game of Trones, en la guerra de los muertos contra los vivos, sentimos que el enemigo está cerca, no sabemos ni cuándo, ni dónde, ni cómo va a atacar, pero lo sentimos cerca. El frio empieza a hacerse cargo de la noche, las vacunas antigripales escasean, las vitaminas C se agotaron por completo y hasta las naranjas aumentan su cotización en el mercado. La situación de caos y pánico crece. Acompañan al encierro, una fuerte sensación de soledad, de desorganización, de tristeza, de abandono, cambian los parámetros de “ser” en este mundo. ¿Qué entendemos por solidaridad hoy en día?

¿Hasta qué punto decidimos exponernos para ser solidarios? ¿Vale arriesgar la vida? ¿O solo damos lo que nos sobra y que no vayamos a necesitar para nuestra supervivencia? ¿El otro es el portador del virus y si me tose cerca saco un arma roseadora alcoholizada para defenderme? ¿O el otro es alguien que necesita mi ayuda para sobrevivir? El Coronavirus se instaló como un tercero en el vínculo y vino para modificarlo todo.

La construcción colectiva y el imaginario social plantean un nuevo escenario, un cambio rotundo de formas y de entender las relaciones humanas. Algunas personas continúan con pensamientos individualistas, creyendo que solos van a poder salvarse, frente a una construcción colectiva y en red, que no beneficia la construcción de poder en las manos de unos pocos.

Este virus de elite que llego en clase ejecutiva, pone en jaque, que ni las mayores riquezas del mundo están ajenas ni salvas, y también son tendientes a desaparecer. Hasta la corona Inglesa fue atacada por una nueva reina. Hay un chite que dice que va a ser la única corona que el príncipe Carlos va a conocer en su vida.

La realidad actual, aceptada o resistida, denuncia a las personas egoístas y prejuiciosas que señalan con el dedo a quienes no quieren aceptar la idea del cuidado del otro a través del cuidado de uno mismo. Saca del centro de la escena a quienes creían soberbiamente poderlo todo. Entran en juego la solidaridad y la cooperación como elementos indispensables para el desarrollo humano, un desarrollo que obliga a potenciar un sentido de pertenencia con la raza, y un sentido de pertinencia con la tarea de mayor envergadura que pudimos afrontar en la vida: la del cuidado de todos. El sistema colaborativo vino para instalarse, y los Psicólogos Sociales sabemos muy bien de que se trata. ¿Quizás este proceso de crisis sea una gran apertura profesional?

Nada más acertada para estos tiempos, que las palabras de nuestro querido Pichón, quien nos dejó una frase tan usada y nunca tan acertada como hoy:

“En los tiempos de incertidumbre y desesperanza, es imprescindible gestar proyectos colectivos desde donde planificar la esperanza junto a otros”.

Todos los ámbitos de la vida van a necesitar de nuestro ejercicio profesional, ojala los profesionales de la psicología social puedan unificar criterios de trabajo en conjunto para ser el ejemplo de un gran y poderoso frente unificado.

La concepción de grupo y de agrupabilidad, tomó de repente un valor casi sagrado. Entender y ponernos completamente tras las filas de un mismo objetivo en común, se convirtió en una necesidad de subsistencia. Quien no entiende el objetivo y se posiciona en alcanzarlo, boicotea la vida, boicotea la existencia, ataca a su par, al mismo miembro de este gran grupo humano que habita en el mundo. Hoy el mundo es un gran grupo operativo produciéndose, donde podemos  ver claramente el desarrollo e intercambio de roles y funciones que al analizarlos en profundidad dejan al desnudo esas necesidades encubiertas con materialidades banales, consumistas e intercambio de poder. Ahora sí, tenés que ser ciego para no verlo.

De golpe dejamos la cultura del envase tan bien descripta por Chomsky, y de ser seres descartables como decía el gran Galeano. Los padres volvieron a ser padres y los hijos, hijos. El adulto responsable, y el niño un ser frágil y en construcción a quien cuidar. Los educadores volvieron al rol de educar y las familias al rol de contener. De golpe lo descartable se convirtió en esencial. De golpe comienza un gran cambio en la concepción del sentido de solidaridad y cooperación. De golpe frente a este gran proceso masivo empezamos a sentir, pensar y hacer de otra manera.

Empezamos a buscar nuevas respuestas a nuevos paradigmas que faciliten nuestro proceso de construcción subjetivo. Potenciamos el intento de resolver lo inconcluso y por sobre todas las cosas, nos damos cuenta frente a este gran salto cualitativo, que estamos constantemente en movimiento, como una gran espiral dialéctica, en donde nada es fijo y eterno, en donde nada es total y absoluto, y por sobre todas las cosas comenzar a entender que no podemos seguir viviendo de la forma “normal” a la que estábamos acostumbrados. Lo natural dejo de ser normal, y ahora nos volvemos a preguntamos ¿Qué es lo normal?

 

Estoy seguro que en los próximos meses, nada va a ser igual que antes.

5 comentarios sobre “Tiempos de cuarentena, tiempos de cambio, tiempos de Psicología Social

  1. Quiero agradecer las palabras escritas que con simpleza pudo dejar al descubierto una realidad tangible dentro de nuestra sociedad, la incertidumbre y los diversos motivos de cada ciudadano dentro de nuestra sociedad viene manifestando, excelente nota.

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