Pandemia, aislamiento y vida cotidiana

P.S. Mabel Roldan

El miércoles 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya considera el brote del nuevo coronavirus, covid 19 como una pandemia.

Consideración que nos puso frente a una realidad que azotó el mundo y que por la gravedad que esto implica, ningún gobierno podía estar desprevenido y menos aún sin un programa de acción inmediata para disminuir el nivel de contagio, ya que no existe vacuna ni medicación específica para tratar el coronavirus –covid 19.

Los casos positivos en nuestra Argentina han dejado de ser una amenaza para convertirse en un escenario real en el que el pánico comenzó a reinar. Si no se ponía en práctica el aislamiento social preventivo obligatorio se corría el riesgo de llevar a la población a un caos sanitario y social.

La estrategia comunicacional implementada por el Gobierno Nacional y Provincial, que informa a la comunidad sobre el significado de pandemia, sobre este virus en particular, sobre lo que pasa en el mundo y en nuestra Patria, sobre los recursos con los que contamos, sobre porqué es necesario cumplir con la cuarentena, sobre cómo actuar y cuáles son los medios de comunicación ante cualquier síntoma, lograron que gran parte de la población sienta que más allá de las dificultades económicas que cause quedarse en casa, la salud y la vida están siendo cuidadas .

El actual brote de enfermedad por coronavirus (COVID-19) fue notificado por primera vez en Wuhan (China) el 31 de diciembre de 2019, una fecha tan cercana, pero que por todo lo vivido, por todo lo ocurrido en el mundo, por tantos infectados con este virus, por tantos muertos informados, nos hace percibir como muy lejana. En Argentina particularmente pasamos de una fecha de festejos por el inicio de un nuevo año, del receso de verano al inicio del ciclo lectivo, laboral del año 2020 y en la mitad del mes de marzo cuando todas estas actividades se iniciaban, nos invadían con noticias de tantos casos positivos que sumaban de a cientos o de a miles, luego el número de personas fallecidas, conocidos o familiares que se encontraban en algún país del continente europeo, EEUU u otros países con dificultades para regresar a nuestro país porque las aerolíneas contratadas habían suspendido sus vuelos, el aviso que las fronteras comenzaban a cerrarse, los primeros casos positivos en el país, los primeros muertos, los miedos, cada vez se hacían más profundos, esto llevaba a que gran parte de la comunidad comience a sentirse tan expuesta como quien estuvo en contacto directo con personas infectadas con el COVID-19.

En la Provincia del Chaco, los padres y docentes exigían al Gobernador de la provincia la suspensión de las clases ya que el miedo se acrecentaba día a día. Primero la población de riesgo debía quedar en su domicilio, luego se suspendieron las actividades áulicas, hasta que el 17 de marzo de 2020, todos debíamos responder al aislamiento social preventivo obligatorio para prevenir el contagio, sólo seguían trabajando las escuelas con comedores o merenderos, el personal de salud, seguridad, supermercados y kioscos. Día a día se fue profundizando tanto la cuarentena como las condiciones para circular, solo podían hacerlo quienes contaban con la habilitación correspondiente.

Las noticias seguían invadiéndonos, se seguían sumando más infectados, más muertos, confirmaron que ya teníamos circulación viral en la provincia del Chaco, encabezábamos junto a Capital Federal y provincia de Buenos Aires el mayor número de infectados y de fallecidos del país, estos datos hacían que aumentaran aún más los cuidados y el miedo.

El Concejo de trabajadores de la Psicología Social de la Provincia organizó una Red de Profesionales de Psicología Social del Chaco, orientada a llevar adelante la importante tarea que consiste en brindar contención psicosocial en diferentes ámbitos de la comunidad.

Dicha contención gratuita, se ofrece las 24 horas de forma remota a través de las redes sociales como Facebook e Instagram y también por vía telefónica mediante WhatsApp o videollamadas a través de la aplicación Zoom.

También nuestro gobierno provincial implementó desde el inicio de la cuarentena un programa de asistencia psicosocial orientado a asistir a las personas en situación de calle y a los adultos mayores entre otros, pero sabemos que nada es suficiente cuando las limitaciones de contacto están presentes, cuando debemos y queremos asistir pero manteniendo la distancia con ese otro sujeto. Además debemos tener presente que debido a la gran demanda que surgen en situaciones de crisis, emergencia y catástrofes, no siempre es posible contar con los recursos humanos de profesionales debidamente formados para la intervención psicosocial.

En la provincia del Chaco, los trabajadores de la Psicología Social contamos con la Ley Provincial N° 6353, que establece el ejercicio de la profesión de Operador en Psicología Social o título equivalente en la Provincia.

Del artículo 2° vale tomar el párrafo a) que considera ejercicio del Operador en Psicología Social o título equivalente, “La intervención con el objetivo específico de preservar y promover la calidad de vida y el bienestar, fortaleciendo las posibilidades de acción conjunta de los recursos humanos comprometidos (grupo, organización y comunidad) en diferentes ámbitos, acompañando y sosteniendo los procesos de cambio”.

Sin dudas, estamos frente a un proceso de cambio, social e individual, que debe ser acompañado por profesionales de la Psicología Social para preservar y promover la calidad de vida y el bienestar de la sociedad.

El domingo de Pascua el Gobernador de la provincia del Chaco, Cdor. Jorge Milton Capitanich brinda el comunicado de la continuidad del aislamiento preventivo obligatorio, con similares características que la implementada por el Presidente de la Nación, Dr. Alberto Fernández. Esto significa que seguiremos con la misma modalidad de cuidados y limitaciones de circulación hasta el 26 de abril del 2020.

Todo esto que se describe sin dudas, tiene como objetivo el cuidado de la salud y la vida de todos los chaqueños, pero no podemos dejar de ver que los mismos alteran la vida cotidiana de las personas y que toda alteración de la vida cotidiana expone al sujeto a la crisis con riesgo de desarrollar alguna patología que requiera de la atención de un profesional de la salud mental, por lo que la atención o acompañamiento psicosocial pasa a ocupar un importante lugar en las estrategias a implementar para el cuidado de la población en esta etapa de cuarentena.

Generalmente las estructuras que se disponen frente a una epidemia o pandemia están acentuadas en la aplicación de planes nacionales, en la vigilancia epidemiológica, en la demanda de vacunas o medicamentos, en la especial asistencia de los grupos de alto riesgo, así como en el impacto y la carga económica que esta campaña provoca, pero habitualmente los grandes ausentes en la planificación son los aspectos psicosocial y de salud mental.

Es por esto que se considera tan necesario y oportuno poner énfasis en la perspectiva conductual y en la importancia que tiene el obtener un máximo conocimiento de las respuestas de los grupos poblacionales afectados y de riesgo, así como las consecuencias que ocasiona en el sujeto el cambio agudo de las pautas de comportamiento social.

Para disminuir o controlar estas consecuencias es necesario poner en práctica las herramientas que brinda la Psicología social para las situaciones de emergencia y catástrofes considerando los siguientes puntos básicos: a) la necesidad de involucrar a comunidades antes, durante y después de la pandemia; b) invertir en la formación y supervisión de trabajadores para el apoyo psicosocial y de salud mental; c) integrar las intervenciones psicosociales y de salud mental en el marco de referencia de salud pública.

Las personas en situación de esta pandemia, se encuentren o no afectados por el virus, sean o no población de riesgo, se afligen, se enojan, se enfurecen, se preocupan, pueden incluso presentarse trastornos mentales y manifestaciones emocionales, que potencia la desconfianza a toda información oficial que se difunda, ya que se encuentra atrapada en la histeria colectiva, es víctima de ansiedad y se siente amenazada de la seguridad sanitaria que en otro momento está presente. La sensación de vulnerabilidad va en aumento por temor al contacto ya que se encuentra amenazado por algo que es invisible y que le resulta desconocido.

El miedo está presente en sus múltiples expresiones y según el estudio realizado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) el 80% de las personas, en cercanía evidente al peligro, expresan manifestaciones sintomáticas de angustia e incluso pánico.

La atención psicosocial y de salud mental en situaciones de epidemias está basada en los mismos principios comunes que sustentan las actuaciones en desastres y otras emergencias humanitarias1, por lo que no es necesario extenderse demasiado en este documento en aspectos que pueden ser encontrados y ampliados en otras publicaciones disponibles.

IMPACTO E INTERVENCIÓN PSICOSOCIAL

El impacto psicosocial que producen las emergencias y los desastres es una dimensión que no siempre ha sido tenida en cuenta, a pesar de que se ha demostrado que estos eventos generan toda una serie de padecimientos psicológicos y problemas sociales a nivel individual, familiar, comunal y social. Se estima que luego de un desastre, entre una tercera parte y la mitad de la población expuesta (según la magnitud del evento y otros factores) sufrirá algún tipo de manifestación psicológica; aunque debe destacarse que no todas pueden calificarse como patológicas, la mayoría debe entenderse como reacciones normales ante situaciones de gran significación (Rodriguez, J. ed, 2006).

La propuesta de la atención psicosocial en situaciones de pandemias, propone trabajar con familiares, amigos, allegados para brindar herramientas de contención al grupo, pero principalmente a los trabajadores sanitarios, de los centros de internación de niños, niñas, adolescentes y adultos mayores, de seguridad, educación, de comercios que deben permanecer abiertos para suministrar alimentos, farmacias, expendedoras de combustibles, entre otros, que a diario se exponen tanto a los pacientes como a la población en general, que emocionalmente atraviesa tantos sentimientos encontrados , que los hace vulnerables y emocionalmente más afectados, por lo que la propuesta de atención psicosocial y de salud mental debe estar centrada en esta población que no tiene la posibilidad del aislamiento como procedimiento de prevención.

La intervención psicosocial debe estar orientada a desarrollar en esta población antes descripta, estrategias para sobrellevar la tarea que a diario llevan adelante, sin que el miedo, la angustia y el dolor provoque daños en su estructura psicológica que requiera de la atención profesional de la salud mental, o sea, prevenir enfermedades de salud mental.

La declaración de pandemia y la cuarentena global ante el coronavirus llevó a los diferentes países a tomar medidas que sensibilizan al extremo y que se tornan hasta dramáticas al encontrarse que estamos viviendo una situación en que hay gente aislada en sus casas, ciudades vacías, cierres de fronteras, cancelación de vuelos, detenciones y multas por no cumplir con el aislamiento propuesto por los gobiernos. Esta realidad que hoy vivimos por el coronavirus emerge modificando totalmente nuestra vida cotidiana. Todo esto da como resultado que el ser humano se reconozca con la fragilidad que le es propia ante este ataque de un enemigo invisible como lo es el virus COVID 19 y aflore el miedo, el pánico ante el otro, ese otro que hasta ayer era su complemento, ese otro que está dentro de sus afectos más cercanos, pero que hoy deja de darle la tranquilidad y seguridad que le significaba.

Para continuar es necesario resaltar que Pichon Rivirè replantea que la cotidianidad es la familia que nos educó, las actividades del diario vivir, nuestra relación con los medios de comunicación, el deporte, la vida sexual, la moda, los medios de transporte, los instrumentos de educación, disciplina y control, la economía, el trabajo, la música que escuchamos, es el desenvolvimiento histórico del sujeto en el día a día. En la actualidad y debido al aislamiento social preventivo obligatorio mucho de esto se encuentra alterado, y no podemos dejar de resaltar que las alteraciones en la vida cotidiana generan reacciones negativas en el organismo si no las trabajamos para lograr una adaptación activa.

En situaciones llamadas de desastre o catástrofe nos encontramos frente a un cambio exigido por el fenómeno que la provoca y que coloca a toda la comunidad en una circunstancia de cambio agudo para la cual no está preparada. En este caso, el cambio agudo y exigido es el aislamiento social preventivo obligatorio, que modificó la vida cotidiana de toda la comunidad, la que hace poco tiempo atrás tenía su vida cotidiana relativamente organizada, los estudiantes iban a clases, los adultos a trabajar, amigos y familiares se visitaban u organizaban eventos para compartir, es decir, que el ámbito familia, trabajo y tiempo libre se vieron afectados por algo completamente inesperado. Si bien la aceptación de la gran mayoría de la población en responder a la consigna “quédate que casa”, como medida preventiva para frenar o disminuir el contagio de coronavirus, no deja de ser un desorganizador de la vida cotidiana.

Este impacto psicosocial que se ha causado en la población no siempre puede ser manejado, ya que la capacidad de recursos existentes está superada por el incremento de la incidencia de trastornos mentales y manifestaciones emocionales de la población en general, así como de quienes están actuando como muralla de contención sanitaria, social y de seguridad, quienes también sufren ya que su formación y cotidianeidad no los preparó para una realidad tan difícil que ha invadido al mundo.

Para finalizar, cabe resaltar que los trastornos mentales o manifestaciones emocionales que se sufren en las emergencias humanitarias no deben reconocerse ni calificarse como enfermedad mental, ya que estas son reacciones totalmente normales que se manifiestan ante situaciones totalmente anormales.

Mabel Roldan

  • Operador en Psicología Social
  • Master en Psicología Social
  • Rectora Unidad Educativa de Gestión Privada N° 157 “Foro Social del NEA”

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