Nosotros y los miedos en tiempos pandémicos

Iba la peste camino a Bagdad cuando se encontró con Nasrudin.Él le preguntó ¿A dónde vas? La peste le contestó: “A Bagdad, a matar a diez mil personas” Después de un tiempo, la peste volvió a encontrarse con Nasrudin, quien muy enojado, le dijo: “Me mentiste. Dijiste que matarías a diez mil personas y mataste a cien mil”. Y la peste respondió: “Yo no mentí, maté diez mil, el resto… se murió de miedo”.

(Cuento Sufí)

por Lic. Prof. Carlos Iñón

“La primera semana me la pasé llorando, sabía que me iba a morir, lo decían por la tele todo el tiempo. Por suerte muchas compañeras y los profes me llamaron, me hablaron, me explicaron… y acá estoy. Tengo mucho que agradecerles”.

Este testimonio es de una encargada de edificios, que el sábado pasado nos contaba esto a más de 30 personas en una conferencia por Zoom que llamamos “mateada virtual”.

Escuchábamos con emoción sus compañeras y compañeros Promotoras/es de Salud, del programa La salud en nuestras manos, del Suterh, el sindicato de encargados de edificios, por un lado, y el equipo docente, integrado por dos psicólogos sociales y tres Lic. en Comunicación.

Este programa de formación funciona habitualmente en la Umet (Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo), que a causa de la cuarentena se encuentra cerrada.

Decidimos continuar la tarea por vía de mensajes de WhatsApp e ir avanzando con Zoom para encuentros virtuales. El equipo se reúne por Zoom o Jitsi para acordar temas y motivadores (evito expresamente el término “disparadores”), filmación de videos cortos de presentación, seguimiento personal de integrantes del grupo (actualmente un total de 55), etc.

El tema del encuentro era, justamente, los miedos que esta pandemia y cuarentena nos han despertado. Surgen entonces a borbotones un montón de miedos: a morirse, a contagiarse, a contagiar a sus seres queridos, a la incertidumbre, a no saber esto cuándo se termina, al encierro, a no poder enseñar a su descendencia.

La angustia va encontrando palabras, el miedo de él o ella resuena con el miedo mío, el terror va teniendo nombres y en la medida que se comparte se va aliviando.

Esto podemos hacer desde la psicología social, armar espacios donde podamos nombrar las angustias y los miedos, y de paso también reírnos, compartir unos mates virtuales, unos chipacitos, un budín, un bizcochuelo, fotos, mensajes, recetas. Y podemos tener una escucha empática, transmitiendo que “si me necesitás, contá conmigo”.

Quizás no somos conscientes de lo sanadora que es la escucha comprensiva, muchas veces silenciosa, sin dar consejos, apenas aclaraciones, sin “vos lo que tenés que hacer…”, sin recetas para una situación inédita e imprevisible.

Y la gente agradece mucho el espacio, inesperado, virtual, imposible de imaginar hace dos meses. Y mientras nos veamos, y estemos en comunidad, y nos escuchemos, podemos sentir que le escapamos un poco a la soledad, esa señora tan destructiva como el estrés, pero que no es registrada como tal.

Siento que el coronavirus nos quemó los libros, las teorías preexistentes. Siempre tratamos de evitar las metáforas bélicas. En Promoción de Salud no hablamos de “luchar” contra la enfermedad sino de aceptarla, no batallamos contra virus, bacterias y hongos, fortalecemos nuestro sistema inmunitario por vía de un estilo de vida saludable en buenos vínculos, buena alimentación, buen descanso, ejercicio físico adecuado, etc. Y ahora todo son luchas, batallas y combates.

Creíamos que el miedo no era educativo, que apelar al terror para promover salud no era un recurso eficaz, y ahora se apela al miedo para que las personas se mantengan aisladas en sus casas. Se muestran ataúdes, fosas comunes, imágenes espantosas y terroríficas.

En lo que no transigimos es en tener un optimismo inteligente, que nos permita ser resilientes frente a lo que nos pasa, y ver qué oportunidades encontramos en la cuarentena: dormir un poco más, aprender cosas nuevas, hacer ejercicio en poco espacio, pasar más tiempo con hijas e hijos, dejar de fumar, ser solidarios con vecinos, tercera edad, personal de salud, etc.

¿Con qué nos vamos a encontrar cuando salgamos de la cuarentena?

En principio, con un planeta más limpio de contaminación. Espero que más conscientes de la importancia de un Estado presente, cosa que el neoliberalismo niega y trata de destruir. Sabiendo quienes en el mundo apelan al mesianismo y quienes confían en la ciencia. Habiendo aprendido herramientas tecnológicas que podremos seguir usando.

Con una educación distinta, que priorice los conocimientos necesarios para el siglo 21.

Ojalá con una vacuna para el coronavirus, pero también para el Dengue, del que nadie habla. Y también con todos los proyectos que teníamos cuando comenzó la pandemia, y que son los que nos hacen levantarnos de la cama con ganas todos los días.

Finalizo con las pertinentes y actuales palabras del maestro Eduardo Galeano:

De nuestros miedos

nacen nuestros corajes

y en nuestras dudas

viven nuestras certezas. Los sueños anuncian

otra realidad posible

y los delirios otra razón. En los extravíos

nos esperan hallazgos,

porque es preciso perderse

para volver a encontrarse.

carlos_inon@yahoo.com.ar

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