Pichon multiplicidad e inclusión

P.S. Débora Galán

No busquen en estas líneas un análisis técnico o un discurso con análisis pomposo de este entramado que tejió Rivière entre Argentina y Latinoamérica, porque no lo van a encontrar.  Desde mi formación como psicóloga social, egresada de escuelas populares, no pretendo ser una erudita en el vocabulario profesional, pero si, una trabajadora de la psicología social que aprendió hacer recortes de realidades para poder hipotetizar determinadas circunstancias. No aprendí en la universidad a contextualizar, sino, estudiando psicología social, esa piscología social de Pichón Rivière como les gusta decir a algunas personas.  No por la escuela en si misma, sino por el contenido en esa frase, lo simbólico y emotivo al decirlo.  Cuando hablamos de Pichón Rivière hablamos de multiplicidad, de territorio, de identidad, de diversidad, de inclusión, de otredad, de transformación, de toda esa mezcla que nos posiciona distinto y nos da esa mirada diferente.  No somos seres superiores, al contrario, nos despoja de todo ego y protagonismo porque de eso se trata, nos descentramos.  La figura es la otra, el otro, aquello para lo cual fuimos convocados/as a la tarea.  Todo esto que parecen reflexiones sueltas, son a mi entender, el resultado de procesos históricos, sociales y culturales, que desde la construcción de la psicología social que Pichon Rivière rompiendo los paradigmas de la época en el psicoanálisis, por distintos factores que sobrado estudio tenemos por distintas y distintos autores.

Por lo pronto, hablar de puentes, es hablar de redes, de tramas, de procesos.

¿Por qué necesitamos construir puentes? Para unir.  En el caso de Pichon, que vivió varias circunstancias y procesos históricos distintos en su adultez, no los vivió como cualquier persona, impregnado de su experiencia en la niñez y adolescencia.  Esa subjetividad, esa identidad multifacética, llena de variedad cultural, hizo que su construcción como adulto sea la que fue.  Y ese, su proceso, no es muy distinto al de Argentina y Latinoamérica. Esa mezcla de orígenes, de naciones, de culturas, de idiomas y dialectos, de migrantes de aquí y allá.  Esas son las bases de estas tierras, y fundadoras de nuestra querida psicología social.

No puedo dejar de mencionar que para entender los procesos latinoamericanicistas en todas las ciencias y países, debemos recordar “Con las venas abiertas de América Latina“ de Eduardo Galeano, no es un cliché de corte antiimperialista o hippie de este texto, es ser conciente de nuestra identidad. Identidad es pertenencia, es ser de una manera y no de otra, es historia, mandato, cosmovisión, también son elecciones de vida.

Retomando y para poder hacer un desarrollo de los puentes que eran necesarios, lo que había que unir era porque estaba roto, estaba distante o separado. En los años 60, Rivière realiza aportes significativos para lo que luego se recogerá en la formación académica de la psicología que es la psicología social, que luego se, comenzará a desprender en otra rama que será la psicología comunitaria. Años esos y los sucesivos de procesos políticos difíciles, entre dictaduras, genocidios, instalación del narcotráfico y distintos procesos sociales difíciles en ese contexto.    Caeré solo en estos renglones en palabras mas elaboradas, el paradigma constructivista y la cuestión ontológica.  Todo ese devenir histórico cultural desde los años 60 hacia estos tiempos, esta marcado por ese proceso, esa secuencia o conjunto de hechos, conductas o situaciones repetidas.  América Latina, desde su colonización, su cosmovisión de antaño, sus dictaduras, sus costumbres con un mix de distintas culturas, hacen que el proceso de cada ciencia, tengo un desarrollo particular.

Creo que los puentes, las redes, el entramado generado por Rivière, tienen que ver por sus vivencias, que son como las de nuestra propia historia como continente.  No se puede despojar de eso, es por eso que la realidad tal como se le dio, en los distintos contextos, no podía sino adaptarla activamente, trabajar con lo que se tiene y no con lo que no existe o no se puede, esa resiliencia a la hora de crear una metodología, un ECRO, trabajar con grupos, con lo colectivo como decimos ahora, agruparse, acuerparse, amucharse, es ese sentir, ese latir latinoamericano, ese crisol de colores, sentires, aromas, gustos, paisajes, amores, pasiones, por supuesto que también, como lo desarrollo, es angustia, tristeza, de todo lo arrebatado y ese vacío que deja.

Si un encuentro es un reencuentro es porque si reeditamos nuestra historia como continente, somos esas venas abiertas, por eso las y los psicólogos sociales exploramos territorios, no hablo metafóricamente, somos barriada, somos colectivo, somos multiplicidad, recicladores de realidades, desestereotipadores de estructuras, instituyentes de lo no previsto, lectores de procesos.  Nada que sea académico, estructurado y refinado nos define.  Eso con lo que quiso romper Rivière, lo que llevo a otros lugares, países y colegas, es lo que abrió paso al puente que ya nada puede derribar.  El desafío es adaptar constantemente las teorías a nuestros contextos, ponerles perspectiva de género, desacademizar ciertas teorías, territorializar los conceptos abstractos, aunque profesionalizando más algunas herramientas, socializar lo comunitario, pero siempre sin perder de vista las bases.  El origen.

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LOS PUENTES QUE CONSTRUYÓ ENRIQUE PICHÓN RIVIERE EN LA ARGENTINA Y LATINOAMÉRICA.

www.libropichon.com

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