COMUNICACIÓN es un concepto fundante de la Psicología Social.

COMUNICACIÓN es un concepto fundante de la Psicología Social.

Apuntes simples

Se trata de una palabra que proviene del término latino “comunis”, que significa “poner en común”.

Vivimos, sin duda, en un mundo sobrecomunicado. Un mundo donde, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, un cúmulo de información nos llega por vía de los diarios, la televisión, la radio, la publicidad callejera.

Tendemos a creer que sólo es comunicación el mensaje escrito o hablado, pero todo comunica a través de diferentes lenguajes. Si hasta un olor de alguna comida está acercándonosun mensaje.

De todo ese despliegue comunicacional que utilizamos constantemente y al que estamos sometidos, lo que a la PsicologÍa Social verdaderamente interesa es lo que llamamos Teoría de la Comunicación, disciplina aplicada a las relaciones humanas emanada de los trabajos realizados hace unas décadas en Palo Alto, California.

Toda comunicación tiene, de alguna manera, un objetivo concreto: producir un impacto en el otro, generar un cambio, inducir una respuesta. Se trata de emitir algo que dealgún modo se va a reflejar en el otro.

Si, dadas dos personas, pedimos a una de ellas que no se comunique en absoluto y a la otra que intente una conexión por cualquier vía, concluiremos en uno de los principios básicos de esta disciplina: es imposible no comunicar. Aunque el mensaje sea “no quiero comunicarme”. Un señor en un avión con un sombrero en la cara está diciendo “no me molesten, no quiero ningún intercambio con ustedes”.

Si hacemos una analogía con la conducta, encontraremos semejanzas significativas: es imposible no tener una conducta. Decimos que la comunicación es una conducta.

Cuando en el colegio se habla de inconducta como sinónimo de mala conducta, se incurre en un absurdo. La única posibilidad de no-conducta es la muerte.

Así como la conducta puede ser inadecuada, reñida con las pautas culturales vigentes, reprobable, la comunicación puede no ser eficaz, estar perturbada, ser pobre para transmitir un mensaje. Pero, reiteramos, no es posible no comunicar. Esto es así porque entre los sujetos hay interacción, intercambio.

Como se recordará, para la Psicología Social el sujeto es un ser de necesidades que se satisfacen socialmente. Comunicarse, interactuar, son necesidades concretas delindividuo.

En su esquema conceptual existen dos vectores íntimamente relacionados: comunicación y aprendizaje. Es más, comunicación y aprendizaje están indisolublemente ligados alpar salud-enfermedad: no debemos olvidar que este par ha sido reformulado en términosde aprendizaje-estereotipia.

También decimos, recurriendo a una imagen topológica, que la comunicación es el relieve, el terreno, la geografía por donde transita el aprendizaje.

EL ESQUEMA COMUNICACIONAL.

La primera comunicación del ser humano es el llanto del bebé. Perdida la homeostasis del vientre materno, la necesidad, por vía del dolor, obliga al bebé a comunicarse a través del llanto.

A lo largo de un proceso de mutua adaptación, la madre va comprendiendo los distintos significados de los sonidos de su hijo. Mientras no lo hace -mientras aprende a entender al pequeño- lo que éste emite no es más que un conjunto de señales; recién cuando ella otorga a éstas una significación, las señales se transforman en signos. Aclaremos esto brevemente: todo signo tiene dos partes, una expresión -llanto, grito, palabra, imagen- y un significado asociado -hambre, frío.

Para que este proceso tenga lugar, es preciso que exista, en principio, un emisor, un receptor y un mensaje entre ambos. El emisor emite un mensaje buscando algún tipo de respuesta, y el receptor lo recibe. Puede o no haber respuesta. Si la hay, se trata de una comunicación a doble vía, de ida y vuelta. Si no la hay, es a una vía, sólo de ida.

Cuando es a doble vía hablamos de feed-back, de retroalimentación. Llamamos así a la respuesta del receptor, ahora convertido en emisor. El nuevo receptor, inicialmente funcionando como emisor, recibe ahora el mensaje y se apresta a una nueva respuesta, retomando así su rol de emisor, y así sucesivamente.

En una clase teórica, como en toda comunicación cara a cara, el feed-back es inmediato, aunque más no sea por lo que devuelve la mirada de cada integrante del auditorio, sus gestos, su postura.

Otro tipo de feed-back se establece en la Institución a través de la didáctica de emergentes: luego del acontecer grupal, el docente recibe de los coordinadores noticias de los conflictos temáticos puestos en juego.

Decimos que el feed-back puede ser positivo o negativo. Llamamos “feed-back positivo” al que produce cambios, al que impacta al otro de tal modo que produce modificaciones.

De lo contrario, el feed-back que sostiene la situación previa se denomina negativo.

Podría pensarse que las situaciones grupales de buena onda, de paz entre integrantes, son representativas del feed-back positivo. En los grupos operativos estas categorías pueden confundirse. En efecto, si está todo bien, si no hay discusiones, si sólo aparecen los afectos tiernos, estamos en presencia de feed-back negativo. El feed-back positivo amplifica el mensaje, integra componentes de diversa índole.

Ahora bien: para que el emisor pueda emitir un mensaje inteligible, es preciso que lo encodifique. Esto remite a la existencia y uso de un código común entre emisor y receptor. De este modo, el receptor decodificará adecuadamente el mensaje.

El caso del bebé y su madre es suficientemente elocuente: la comprensión que, dijimos, ella va adquiriendo respecto de los sonidos del niño, no es otra cosa que un proceso de creciente construcción de código. Los múltiples signos que el bebé y su madre intercambian permiten a ésta determinar si llora por hambre, por molestias en la piel, por dolor, por incomodidad, por miedo. De la continuidad en la emisión y la recepción de los sucesivos mensajes, la comunicación entre ambos sujetos se va ajustando.

En tanto emisores, damos por sentado que nuestros receptores compartirán nuestro código, cosa que no siempre ocurre. En la práctica cada uno de nosotros decodifica desde sus modestas posibilidades, por lo cual siempre habrá una fisura entre lo que queremos decir y lo que el otro entiende.

El código tiene una importancia capital. En los grupos suele circular la fantasía de que todos comparten un mismo código y no es así. Al llegar lo primero que hacemos es decir nuestros nombres. Pareciera que el nombre organiza lo caótico. Cuando el médico nos dice qué dolencia tenemos nos tranquiliza -a veces-; al menos sabemos cómo se llama.

Los códigos serán lingüísticos y no lingüísticos. Los lingüísticos son los idiomas, los sociolectos, los ideolectos, es decir, las formas léxicas que los grupos sociales construyen en función de pautas étnicas, culturales, ideológicas.

Sin embargo, dos personas pueden compartir un idioma pero no un código, como es el caso del adolescente que dice a su padre “Me recopa la idea de cortarte el rostro”, mientras el otro queda de una pieza sin atinar una respuesta.

Los códigos no lingüísticos no recurren a las letras del alfabeto sino a otros caracteres. Ejemplos de ello son el sistema Braille, el código Morse, las señales de bandera que utilizan aviones y barcos, el semáforo, los sistemas señaléticos de tránsito, etc.

INTERCAMBIO Y CONTEXTO.

Esta operación entre emisores y receptores se da siempre en un determinado contexto. Llamamos así al espacio concreto en cuyo seno la comunicación tiene lugar.

Cada mensaje tendrá, por lo tanto, una significación particular de acuerdo a ese contexto, más allá del uso de palabras de significado compartido. Si uno escucha “pase, desvístase y acuéstese” en un consultorio médico, sabe de qué se trata y está en alguna medida preparado para ello, pero si tal escena transcurre en otro lado -por ejemplo aquí, en la Secretaría- habrá una sorpresa que es producto de un hecho descontextuado.

He aquí un cuento al respecto: un extranjero en Buenos Aires practica durante tres meses la frase “deme un café” con el objeto de hablar como los porteños y así pasar inadvertido.

Cuando se considera satisfecho, se dirige al centro, se apoya en un mostrador y se establece el siguiente diálogo:

-Deme un café.

-¿Es usted extranjero, no?

-Pero ¿cómo se dio cuenta?

-Porque esto es un banco…

Suponemos que al llegar al grupo el coordinador nos va a decir qué tenemos que hacer, y nos encontramos con que no es así. De modo que lo que se instala inevitablemente desde el vamos es el malentendido.

Para la Psicología Social el malentendido es la base de la enfermedad familiar. Si a determinada cantidad de personas pedimos una lista de prioridades, de las cosas más importantes de la vida, cada uno la confeccionará de acuerdo a un particular cuadro de valores. Para unos lo más importante es el amor, para otros el dinero, para otros la familia, la libertad, la felicidad, el trabajo, los hijos, la pareja, la salud, etc.

Imaginemos un matrimonio. Para uno de ellos lo más importante es la salud, luego la libertad, luego los hijos, el dinero. Para su pareja, el ordenamiento es otro, por ejemplo vínculo matrimonial primero, luego hijos, trabajo, etc. Uno transmite mensajes desde su propia escala de valores y da por sentada una escala idéntica del otro lado del circuito.

Los conflictos se desatan cuando, por caso, si quedaron en salir a las 8 para ir al cine, uno de ellos no aparece debido a problemas de trabajo, obviamente priorizados. Esto nunca se aclara, por lo que persiste a lo largo del tiempo incrementándose los niveles de sobreentendido y su consecuencia inseparable, el malentendido. Una de las más importantes tareas del grupo es precisamente la búsqueda de un código común, la puesta en palabras del sobreentendido, la reducción del malentendido.

Existen comunicaciones a una sola vía, como es el caso de los gobiernos totalitarios. Recordemos la época del “comunicado Nº 1”: al emisor no le interesa el feed-back. Tiene algo que comunicar y punto. La radio y la televisión, originariamente de una sola vía, hoy tienden a habilitar una segunda vía, la retroalimentación a través de la comunicación interactiva.

MODOS ANALÓGICO Y DIGITAL.

Vamos a introducir ahora una clasificación simple. Se trata de discriminar entre dos tipos de comunicación: la analógica y la digital.

Llamamos comunicación digital a la que emplea la lengua, el discurso, la palabra.

Por el contrario, entendemos por comunicación analógica a la que recurre al lenguaje corporal -la mirada, el gesto, la postura- o a la imagen.

De modo que los mensajes emitidos y recibidos transcurren por estos dos canales: el digital o el analógico. Esto contribuye al malentendido por encarnar en parte lo que llamamos “doble mensaje”. Es el caso de decir algo y expresar con el cuerpo lo contrario. Cuando a horas imprudentes llega una visita, podemos decirle “hola, qué alegría verte” con la palabra y lo contrario con el cuerpo por vía de un bostezo.

Las naciones utilizan normalmente comunicaciones digitales a través de la diplomacia, de sus representantes comerciales, de emisarios de todo tipo. Sin embargo, en ocasiones, cuando más necesitarían de la comunicación digital, la reemplazan por la analógica desplazando tropas en la frontera.

En los grupos constantemente estamos emitiendo mensajes, a veces coherentes, a veces contradictorios. Algunos en los que lo digital y lo analógico están en fase, otros en los que uno desmiente al otro.

Lo corporal se manifiesta permanentemente y contra nuestra voluntad. La postura, el lugar del recinto donde nos sentamos, los gestos de la cara, los movimientos de los miembros, son signos que pueden abonar o cancelar lo que decimos oralmente. Por eso, en nuestro entrenamiento para ser psicólogos sociales, además de aprender a escuchar el discurso digital, es preciso que desarrollemos una mirada que capte los detalles de la comunicación analógica.

Otra categorización necesaria es la de discriminar lo denotativo de lo connotativo.

Llamamos “denotativo” a lo que dice el diccionario, lo explícito. Lo “connotativo”, en cambio, es el contenido profundo de un signo. Es lo implícito, lo que no vemos. Si buscamos “mesa”, el diccionario dará una descripción completa, pero para cada uno de nosotros habrá una connotación distinta. La mesa del comedor de la casa materna, por ejemplo, tiene una carga afectiva que no está presente en su denotación.

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