Una revista para el Encuentro

Román Mazzilli

¿Quieren saber qué me impulsó a llevar adelante el proyecto que luego terminó llamándose Campo Grupal?

Ante todo mis necesidades de lector. Y el entusiasmo que las prácticas y teorías grupales y psicosociales habían despertado en mí. Ese impulso pedía mas leña para alimentar el fuego incipiente.

Pero, ¿nunca tuvieron la sensación de llegar al lugar indicado -una fiesta, supongamos- cuando ya están comenzando a levantar las mesas, a limpiar el piso y con los últimos invitados despidiéndose en la puerta? Eso sentía yo por aquel entonces.

Parecía que lo mejor de las producciones grupales ya habían pasado, todos los libros ya habían sido escritos y las revistas del sector mostraban evidentes signos de agotamiento y cerraban, una a una, o espaciaban indefinidamente sus ediciones.

Por un tiempo me senté a esperar que apareciera una buena revista. Pensaba, confiado, que no podía ser que en un campo tan rico no surgiesen constantemente nuevas publicaciones.

Alguna, seguramente, iba a saciar mi sed de lectura y mi curiosidad.

Y seguí esperando.

Los que me conocen, sin embargo, saben que la espera no es uno de mis fuertes. Así que un día colgué prolijamente mis ilusiones en una percha, desentumecí las piernas que se me habían dormido mientras estaba sentado en la sala de espera y llamé a un grupo de amigos.

Les propuse, sencillamente, que fuéramos nosotros los que hagamos la revista que queríamos leer.

Lo demás es historia conocida. El proyecto colectivo que encarnó la revista Campo Grupal tuvo un extenso y prolífico recorrido a lo largo de 195 ediciones y casi 19 años de vida, y a dejado sus semillas esparcidas, su música en el aire, su enunciación en oídos y corazones.

Para nosotros, Campo Grupal no fue solo una publicación: fue una fiesta, un encuentro, una celebración de la palabra, la acción y la sensibilidad. En muchos momentos, también, la posibilidad de intuir lo común y de construir afinidades en medio de la multiplicidad.

Quedan las 195 ediciones a disposición de quien quiera leerlas, compartirlas, utilizarlas de mil modos. Quedan miles de notas, textos, frases que aun tienen mucho que proponer, que expresar, que debatir para quien vuelva sobre las páginas de la publicación.

Como dije al principio, yo buscaba leña para mantener encendido mi entusiasmo y por suerte encontré mucho más: encontré amigos, colaboradores, lectores, ideas, proyectos. Encontré compañía.

Y con leña y compañía, ya se sabe, se arman enseguida los fogones.

Y eso fue Campo Grupal: una ronda de encuentros y complicidades alrededor de cuanto fuego pudimos propiciar.

2 comentarios sobre “Una revista para el Encuentro

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