Mujer al volante (una noche entre paréntesis) Rubén Amato

Mujer al volante
(una noche entre paréntesis)
Rubén Amato


De repente apareció ahí, a unos pocos metros de llegar a casa… muy femenina ella con un brazo fuera de la ventanilla… al comando de un auto deportivo de esos con techo vinílico… no recuerdo que marca, hace muchos años de esto. Me pide fuego. 
Me acerco hasta ella . Me/me/mira con sus faroles verdes.  Hacemos  todo el ritual de encendido de su cherterfield  y yo que no  sacaba la vista de su escote que albergaba sus pechos pecosos que subían y bajaban tanto al hablar como al darle pitadas a su tabaco.

Corrección… el encuentro fue de repente para mi, que venía pegado a la pared… sumido en los recuerdos recientes de una discusión con Marilu. Que se había enojado por mirarle el traste a una alumna de la escuela donde ambos estudiábamos. (A la que había tratado en vano de convencer sin éxito hasta que se subió al bondi quede aturdido porque no quería perderla … había corrido desde el bar por las calles de Boedo sin pagar la cuenta Y cuando regrese el barcito había cerrado y me volví caminando a casa )
Y está hermosura me redimía en mis ansias de seductor crónico, piropeado compulsivo y otras virtudes de enamoradizo que no escarmienta… entre distraído y zonzo…
Ella si esperaba ( no a mi, obvio ) me lo dijo despues que pasase el tiempo para volver a un bautismo en un salón cercano a buscar a una amiga para llevarla a su casa. Que no le gustaban los babosos que había allí. Y que bailar mientras los otros comen era algo que no soportaba.

Para el segundo cigarrillo me invita a subir a auto debido a que el viento de la casi media noche no nos dejaba encender.  Como co-piloto mi posición en el asiento fue con la espalda contra la ventanilla derecha (hasta hablamos  algo de ideologia ) y toda mi atención hacia la conductora que además de atractiva tenía una conversación muy interesante. Reíamos, hacíamos relatos largos contándonos de todo… un profundo sentimiento de querer saber del otro de manera genuina, franca, confiable y discreta.
(Estábamos en el año 89 del siglo pasado … se veía en la paredes la futura postulación del riojano que iba a infligir tanto daño que después de su segunda presidencia  hubiese sido imposible que está travesía nocturna fuera realizada…por los robos la delincuencia y la droga que corrió a partir de aquella gestión de gobierno entre otras calamidades
en un comienzo invisibles)…

MI campo visual se restringia a ella que-aparte- conducía muy bien. A sus ojos y labios mientras conversaba pero no al trayecto, al que sólo intuía…pensando estrategias de conquista …de tener a esa mujer entre mis brazos y disfrutando por primera vez del camino hacia lo erótico que en otros vínculos no los tenía en cuenta (siempre con ese apuro con el que invade lo genital a nosotros los machitos  de morondanga que terminan por arruinar  hasta la pareja más consolidada.)
Pero ella habló  de muchos temas pero jamas de un novio o pareja en todo el viaje…y yo que estaba a punto de recibirme de psicólogo social ya ma había a acostumbrado a preguntar a los quince o veinte minutos me animo y lance la pregunta vital para mi :  tenes novio?…
Y ella sólo atinó a frenar el auto y sin dejar de mirar al frente me dice:  mira’…!¿
Y cuando doy vuelta con el cuello hacia el frente veo la Marina de San isidro frente a mi… como si hubiese sufrido una abducción extraterrestre
Como es posible.., pregunté sin entender…co’mo sucedió!??
Y ahí la mujer al volante hablo.
Muy simple en veinte minutos hicimos San Juan hasta el bajo- por el bajo hasta enganchar con Libertador hasta aquí… siempre vengo acá a comer algo… (había un McDOnald’s)…No te preocupes -me dijo-que enseguida te devuelvo a tu universo.
Vinimos en quince y volvemos en quince…
Confía en mi…
Para charlar de nuestras cosas me irías a buscar un combo? Que a eso de las tres tengo que retirar a mi amiga y llevarla a su casa…

Y ahí estaba yo … pidiendo comida para alguien que ni siquiera conocía…
Y ahí estaba yo … viendo comer desaforadamenta a esa mujer que me levanto en Boedo y me trajo hasta San Isidro con sólo apretar el acelerador.
El lugar era precioso… la noche era preciosa… un poco fresca a orillas del río… pero única. Y… lo mejor de todo…Ella era preciosa.
Había otros autos en el sitio no precisamente comiendo… ni mirando la noche y las estrellas. 
Era muy sensual verla comer… la forma de masticar los bocados y de seleccionar parte por parte el mini banquete que se estaba dando.
Ahí recién vi que era una chica… digamos …
bien alimentada con una camisola fuera del pantalón como para ocultar algunos rollitos…
Pero que a mi me fascinaba verla hablar mirando la comida … hacer las pausas para respirar… en fin… verla disfrutar cada cosa.
( confieso que en otros vinculos jamás había reparado en la sensualidad que se puede observar cuando se ve comer a alguien )
Pensemos también que no podía tomar distancia para analizar aquello… sólo ahora al escribirlo casi treinta años después podría decirse que el tiempo arrima cierta objetividad .
( aunque al armar el relato se me pianten algunas fantasías que igualmente se van a asociar a las de los que lean esto, que después me quedaría grabado por mucho tiempo en mi mundo interno, con cierto grado de culpa debido a un mal entendido al que jamas pude reparar…)
Había toda una cuestión con vivir más las sensaciones y » el dejarse llevar » a lo que Ella me obligaba sin palabras y con un tinte de aventura al que uno no podía decir que no. Primero porque estaba a diez kilómetros del departamento donde vivía en esos tiempos apenas con un atuendo de primavera y segundo porque a esa hora ya empezaba a bostezar de vez en cuando.

El regreso fue casi en silencio escuchando uno de esos programas de radio que sólo son para hacer compañía.
Algo se había cortado. El entusiasmo del comienzo ya casi se había diluido en ese periodo de tiempo perdido en la noche donde uno sólo quiere regresar a un lugar conocido como para que las cosas parezcan dominables ya que de otro modo la  incertidumbre  empieza a agujerear el posible  disfrute. 
Hablamos burocraticamente en el regreso.
Empezaron a salir datos de quienes éramos cada uno ( como si Sherloc Holmes estuviera dictandonos un interrogatorio que nos ofreciera la casi seguridad  de que tanto Ella como Yo estuviésemos algo convencidos  de que éramos  gente confiable )

Al fin llegamos de nuevo a unos metros de mi departamento en San Juan al 4300. Pleno barrio de Boedo eran casi las dos de la mañana… Y como quedaban treinta o cuarentaicinco minutos agarro y la invito a subir …  me dice que acepta pero sólo  para ir al baño ya que jamás se había bajado del coche y yo a pesar de haber ido al McDOnald’s ya tenía ganas de nuevo. Agrega que vaya … que la espere en el palier… Que sacaría un suéter del baúl y me alcanzaba.
Cuando estoy frente al portal de mi edificio manoteo el llavero y recién ahí tomo conciencia de que no lo tengo mientras ella venía caminando hacia mi y noto que tiene una pierna más corta que no puede disimular a pesar del zapato ortopédico… Y una leve renguera.
Y ahí comienza un torbellino de recuerdos…
La discusión con Marilu antes de ir a la escuela… el regreso al bar y ver que había cerrado … allí estaban las llaves. Que no podría ir a buscar hasta las siete de la mañana… 
Descubrimiento que trato de explicarle a ella que ya se había subido al coche. Supongo que por el pudor y la bronca de sentirse rechazada por su diferencia fisica…
A todo esto el viento fresco de la nocheprimaveral nos devolvia a lo real
Y se entendía que no se haya  bajado en todo el periplo … Además de creer que yo había inventado todo por discriminacion…
Se que se tendría que transcribir algunos diálogos como para que el relato sea más creíble… (pero estoy a treinta años del episodio y no quiero inventar más de la cuenta)
Para no hacérsela más larga…
Ella y sus ojos claros , sus pecas en los pechos y su auto descapotable se marcharon y nunca más la vi. (Dejándome un gusto amargo en cuanto a esto de cometer una ofensa a lo físico de otro ser)
Yo me la pase deambulando por la noche con unos pocos pesos en el bolsillo hasta que abrieron el bar tipo ocho de la mañana. Retire las llaves del local. Y regrese caminando a mi departamento . Me cebé unos mates mientras miraba el amanecer por la ventana que daba a la calle San Juan con la perspectiva que se tiene de un piso octavo tratando de imaginar que otra actitud podría haber tomado para no sentirme tan mal…
Que durante mucho tiempo tuve que  dejar aquella noche entre parentesis…

Rubén Amato
Veinte Veintiuno

2 comentarios sobre “Mujer al volante (una noche entre paréntesis) Rubén Amato

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